miércoles, 29 de diciembre de 2010

Al borde/centro de la estupidez

Encerrado en una oscuridad que asfixia, odiado por mi alma que destila negras lágrimas de los ojos de un corazón amenazado por la cruenta conciencia que me repite el nefasto momento en el que la idiotez le ganó a la razón, mi única razón (¿Cómo fue posible eso? ¿Qué demonio se atrevió a tal cosa?). Ojos no ajenos que intentan dormir; pero si no es la conciencia, es el silencio quien me recuerda que no merezco el descanso en el santo País de los Sueños... maldita melodía silenciosa que se aparece cuando el silencio ya no es necesario.

Y no por el hecho de que el sueño no logre conciliar digo que el silencio se haya vuelto inútil; cuando digo que el silencio ya no es necesario me refiero a que, incluso con la ausencia de sonidos tan complejos e incomprensibles como el maldito silencio, mi mente no deja de recordar aquella falla que me volvió más humano y menos digno... digno de...

Las horas pasan, los vientos silban en distintas direcciones y rompen el silencio. Mi mente, mi corazón siguen odiándome; acordes viejos de una guitarra olvidada son mi único consuelo y consejero que se refugia en un rincón olvidado de mi, hoy, fría habitación. Por medio de melodías dulces/amargas, llego a los pies de un gran reloj que se niega a concederme el favor tan imposible de retroceder veintisiete horas y veinticuatro minutos, lágrimas negras nuevamente inundan esta habitación y la tiñen de color fiesta fúnebre.

La quise, siempre la he querido...


jueves, 4 de noviembre de 2010

Que con su desnudez la sombra me cubra.

El viento susurró y los árboles se movieron, la sombra desnuda de la noche vistióse con el llanto de las flores. Aquellos ojos que en el mar flotaban no volvieron a mirar, pero observaban la luna sin cesar. El viento volvió a susurrar y las flores se marchitaron, hoy la sombra brilla en su desnudez, ¿cuánto falta para que amanezca?

Falta mucho para que el sol de noviembre se asome por el horizonte, esa ventana de grises y rojos atados a un corazón palpitante y danzante, atado con sogas de acero que lastiman, sogas que marcan. Ruego que la sombra desnuda cubra la desnudez de mi alma con la suya. Que el sol no me queme los ojos para ver tu brillo, que tu brillo me mate para morir en tus manos, que tus manos brillen para no ver el sol.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Maldita condena, bendito olvido... Maldito miedo.

El mundo da vueltas, muchas vueltas, demasiadas vueltas. Malditas vueltas, todo da vueltas, estoy mareado sin alcohol, estoy mareado por tantas vueltas. Náuseas, piernas temblorosas y una palidez tan fría como el pálido de esos ojos, como el pálido del viento en la noche de negro pálido. Persianas malogradas que no dejan pasar la luz de esa noche... tardé en darme cuenta de que era de día y era hora de despertar, malditas vueltas.



El mundo da vueltas, y estoy cansado de ellas; tan cansado, que tengo un corazón sangrando; tan cansado, que quiero seguir dando vueltas. Soy un mago, convierto en oscuridad lo que en algún día fue luz (tu sonrisa, el brillo brillante de tus ojos), soy un mago, fui un hechicero. El cielo, luto de los vivos, es como un desafiante mar de olas invisibles; una vez quise volar, pero no serán dos veces (aunque el mundo dé vueltas). Soñé con mirarte a los ojos, soñé con hablarte, soñé con inspirarme con tu voz que alegraba un sueño triste al cantar en Si. El viento viaja presuroso, pero tímido y timado, malditas las pestañas del universo que lo engañaron. No puedo volar, pero puedo mirar el cielo.



Miedo, maldito miedo que se ocultó esa noche, maldito mi miedo, maldito tu miedo. Viví por ti, morí por ti, por tu miedo y el mío. Qué bueno que morí por algo mutuo. Condenarme a una oscura amnesia sedienta de olvido, pero hambrienta de recuerdos es la más grande hipocresía en la que pude haber caído. Condenarme a una eterna sinfonía de lamentos es dejar de oírte. Condenarme a ser condenado a todo ello fue una estupidez.

martes, 12 de octubre de 2010

Ya ni las estrellas cantaron...

Mi sueño esta vez es caracterizado por un profundo silencio nocturno, castigo de pecadores que no se arrepienten y musas que olvidaron que fueron olvidadas. Brilla en el cielo una lágrima que cae, lágrima que soñó en una cama de pestañas gruesas que impidieron el despertar de una doncella cautiva de inútiles intentos por escapar, nadie la rescató, todos la ignoraron. ¿Llegarán al anochecer aquellas canciones que son a la vez pañuelos? Depende del ánimo del silencio.

En silencio, el mar me arrebató los pensamientos; en silencio, lloré ahogado en un mar que quemaba; silencio, bendito silencio que susurra versos de poemas viejos y empolvados como cartas de un soldado en guerra que creyó que moría mientras ganaba. Despierta, luna ingrata e ilumina, aunque sea por última vez, esas miradas que ya no brillan.

Olas de un mar desesperado se agitan y mueren en la orilla, las observo, lloro su muerte (soy el único que lo hace). Palpitares y latidos constantes, pero lentos, se confunden con el ciclo de un péndulo impaciente de un reloj cuyos segundos se hicieron más cortos y dejaron de durar. Ya no me quedaban lágrimas, se las regalé al mar. Volveré en una balsa de recuerdos olvidados y de sueños hundidios en el mar. Ya ni las estrellas cantaron esa noche.

Paradero drogadicto. dicto. dicto.

Estaba sentado en una de las bancas del paradero de los viejos recuerdos; observaba cómo lentamentamente pasaban buses de puertas oxidadas y de mentes tétricas, sí, dementes. Leía un periódico escupido, húmedo y con muchas huellas sobre él. La lluvia había originado un arcoiris nocturno de tonos grises en Si bemol que en conjunto con el sonido de las afónicas bocinas solo prometían un viaje extraño y frío, como mi rostro. Algunas señales de tránsito mental inclinadas en ángulos de veintitrés grados algún día me dijeron que pare, pero no les hice caso, seguí caminando y fui atropellado por un taxi de ventanas polarizadas cuyo conductor era yo mismo, ¡qué irónico! Un atropellado que pensaba que jamás iba a ser atropellado y un chofer que nunca se imaginó atropellarse. Pero todo eso tan solo fue cuestión de imaginación.



Esperaba un poco de luna, pero las luces cegadoras de neón y las sonrisas brillosas -pero hipócritas- me lo impidieron. Caminé, pues mis vacíos bolsillos de alguna manera misteriosa me obligaron, no sabía a dónde caminaba, ahí estaba el misterio. Debajo de un puente salían gases alucinógenos e infinitamente tranquilizantes, no me explico hasta ahora cómo así pude volar esa vez, si ya las alas me habían sido arrebatadas en una cruenta batalla (de la que nadie salió victorioso). El cielo se torna azul, pero aún las luces amarillas están encendidas (eso genera una rara atmósfera verde). Los lobos callejeros comienzan a aullar componiendo una terrible pieza musical que nos permite a algunos bailar con los árboles negros de avenida. Lentamente, el sol amenaza con salir, ya es hora de dormir.

jueves, 7 de octubre de 2010

Resaca textual.

Sentí el viento vestido de forma diferente. Era viento frío, que luego volvióse ebrio, pues no sabía a dónde iba. Hubo otro viento, este viajaba sobre el mar embravecido, pero las olas lo ahogaron en esa danza -al parecer armoniosa- que terminó convirtiéndose en guerra.



Por la mañana, después de aquella atmósfera azul con la que tímidas y débiles aves despiertan, mentirosos rayos de sol nacen entre las nubes y prometen otro día de frío brillante. Con dichos rayos despierto, bostezo, me froto los ojos que aún me ofrecen un borroso panorama, y finalmente, decido dormir otra vez, pues había pasado toda la noche leyendo textos alcohólicos en exceso; ahora tengo una fuerte resaca que me condena a soñar.



En mi sueño, esta vez viajo a un lejano horizonte, cuyo ocaso es mi despertar. Es extraño: nunca pude soñar estando tan despierto; nunca pude soñar que volaba estando tan en tierra; nunca pude soñar estando tan consciente. Hay un mar -no de lágrimas, pues este no existe- sino de agua salada, turbia, y oscura (casi negra, como las alas de una blanca paloma), seres desagradables se ahogan en él. Hablo de un ahogo bastante lento y doloroso; un ahogo que permite respirar pero que ahoga. Es un momento macabro, pero no me preocupa, son seres desagradables.



Mi placentero dolor de cabeza no me permite continuar soñando, así que despierto. Salgo a la calle, camino por avenidas silenciosas y desiertas y me sorprende un diluvio de agua oscura que amenaza con ahogarme, ahora tengo ganas de soñar.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Todo sucede cuando veo tus ojos.

Observo tus ojos brillantes que reflejan mis lágrimas negras que en una densa atmósfera no caen al suelo y flotan en el aire como nubes cargadas que ansiosas esperan el momento de ser derramadas en el mar de los recuerdos, mejor aún en el país de los sueños que en sequía vive, por ahora. Un alma sedienta viaja por un prado de rosas negras, hermosas, suaves, fragantes; todas con punzocortantes espinas que un mortal veneno guardan, veneno que se convierte en droga necesaria para que un corazón (afortunado o desafortunado, no importa) pueda latir. Droga que se convierte en amor, amor que se convierte en armas, armas que dan muerte y muerte que se convierte en vida.


Tal vez el mundo se detenga ahora, tal vez el cielo deje de brillar, tal vez la luna logre alejarse para siempre, tal vez yo no vuelva a llorar; pero siempre estarás tú, mi inspiración, mi luz, aquellos versos que nublan mis ojos y a pesar de eso, siento que puedo ver. Le pido al cielo que seas y que estés presente en el aire para poder sentirte cada segundo de vida que me queda, y si me queda un segundo, que haga una pausa para que sea eterno.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Luciérnagas azules.

Es noche de luna nueva, el cielo está oscuro en su totalidad, las nubes ocultaron la luz de las estrellas, el frío viento silba fuertemente despertando aquellos pensamientos en Ti mayor que de forma inexplicable y misteriosa me hacen recordarte. En plena penumbra, veo puntos brillantes que le cambian de nombre, son luciérnagas azules, porque azul es el mejor color, porque fue azul para mí ese mar donde hoy reposan tranquilas aquellas canciones que en algún momento sonaron e hicieron llorar corazones que no duermen y que amanecen con las frías campanadas de un reloj cuyas manecillas avanzan lentamente al compás de otra canción que sale nace en el aire; una voz casi impercibible, pero hermosa, semejante a la tuya, pero no tan perfecta. Eres como la luz de esas pequeñas luciérnagas que en la noche danzan en armonía; aquellas que me hacen olvidar la tristeza de la oscuridad y que en plena tormenta me da la paz, aquellas que en un segundo son capaces de regalar horas de alegría, aquellas que con tan solo un pequeño destello pueden dar luz para una eternidad.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Ahora estás... ¿Otra vez?

Esa sonrisa tuya y esos ojos que brillan en la oscuridad son lo suficiente para que mi mente quede atrapada en una caja de cristal que solo refleja tu rostro. Eres la luz de la luna que hace bella la noche, eres el viento que mueve al desierto y así le da vida, tu mirada es aquella flecha que desde que quedó clavada en un corazón sin latidos hizo que este latiera nuevamente y que se alegre, mi corazón.

Miro al cielo y ahí estás, tu luz eclipsa a las demás estrellas, las opaca; tu luz es tan bella que haces que hasta el Sol se enamore de ti. Rojos son tus latidos como tu corazón que no muere, sino que da vida, cuán muerto estuve antes de que estuvieras en el cielo. Llora mi alma cuando no estás, pero hoy estás y no te perderé de vista.

jueves, 12 de agosto de 2010

Tiempo/Conflicto

Con tiempo, el mar se convirtió en mar; con tiempo, el viento traspasó los límites de este cielo y al infinito viajó; con tiempo, saldré de un trance, el cual me sumerge en un insoportable insomnio, a pesar de estar dormido; con tiempo las montañas conocieron el eco y se hicieron fuertes; con tiempo, el reloj marcó los segundos para que de noche la Luna brille y de día el Sol evapore las lágrimas de muchos mortales que quedamos en la tierra.


¿Qué sería del tiempo si no existieras? ¿Moriría yo o dejarían de exisitir los segundos con los que mi corazón contaba su latir? Pasaría miles de horas sin darme cuenta de que estás lejos, viviría sin un ritmo; sí, viviría pero sin un sentido (ni siquiera el de las agujas del reloj). Con un lapicero escribí tu nombre en la pared donde está colgado ese reloj para que no se olvide de que existes, para recordarme que debo despertar cada mañana, para recordarme que debo respirar, para que no me falte el aire, para que no me faltes.


Decidí mirar al cielo hoy y vi nubes como algodones que viajaban libres por el cielo, de inmediato te recordé, así viajas por mi mente. El cielo estaba violeta, el azul no existía, el sol se despedía lentamente de quienes lo mirábamos desaparecer en el infinito horizonte. No importa por dónde vaya uno, siempre habrá uno, y siempre habrá algo que se espera al final, algo inalcanzable pero que nos da esa esperanza de saber que por algo caminamos.


Ocurece y las palabras que pronuncio no son suficientes para que lleguen al cielo, tomé un lápiz y les dibujé alas. Como águilas se elevaron hasta el infinito, pero empezó a llover y volvieron. Quiero despertar, pero qué pasará si lo hago, qué pasaría si no pudiera volver a soñar esto otra vez...


Miro hacia arriba una vez más y sorprendentemente apareces tú, me sonríes, te observo y me quedo inmóvil otra vez, no puedo hablar. Mi mente reacciona y me obliga a marcharme de aquel lugar, mis pies le hacen caso, pero hay algo que aún quiere quedarse, etonces es cuando todo entra en conflicto con mi corazón, lo tratamos de atar , pero este amenaza con detenerse y es cuando nos damos cuenta de que dependemos de él. Resignados quedamos y le hacemos compañía hasta que el Sol salga nuevamente.

sábado, 7 de agosto de 2010

Estoy sentado, y no me quiero levantar

Si me pongo de pie, me quedaré ciego y no podré observarte, Luna que reflejas la luz del sol, que por las noches iluminas la Tierra y me das tranquilidad después de la tormenta. Lloraré hasta crear mi propio mar, de modo tal que en cada noche tú seas reflejada en él, lágrima por lágrima, mi bella amada, y cuando sangre se requiera, sangre daré también.

Lucho contra mis sentimientos, pero quién puede contra ellos, no existe flecha alguna que penetre un sentir; no existe espada ni daga que arrebate lo que un corazón siente, y lo que ocurre, bella luz, es que cuando algo tan profundo y tan perfecto como tú habita en un corazón, nada puede contra él.

La tarde anterior hablé con el viento, le pedí que te lleve estas palabras: “Aunque muera, estando aquí, te volveré a ver porque podré elevarme y llegaré a tu lado”. Tales palabras se esparcieron por el universo y se perdieron, nunca llegaron; ahora las escribo yo en un papel para que se eleven conmigo el día de mi muerte.

Es de noche; el frío hiela cada rincón de este planeta (mi planeta, mi mundo), dejando inmóviles a mis pensamientos; el cielo está nublado, no te puedo ver, pero te siento en mi corazón; el viento silba produciendo un estridente sonido que estremece hasta las montañas, aquellas a las que solía subir para verte más de cerca.

No quiero ponerme de pie, no lo haré… ¿A quién miento? Si ya las nubes te ocultaron, si ya tu voz no oigo, si ya el cielo me da la espalda para no verte más o no verte durante mucho tiempo… Sin más que decirte, me despido de ti, nuevamente con una lágrima, con un adiós que quise que dure para siempre, pues no quería y no quiero dejarte de ver.

lunes, 2 de agosto de 2010

En mis sueños

En el país de mis sueños te encontré mientras dormía, estabas bella -como siempre- las estrellas te rodeaban como dulces y puros ángeles semejantes a ti y alumbraban tu rostro creando una perfecta imagen que opacaba a todo lo bello que ya existía hasta ese entonces (todo lo que soñaba era bello, por eso estabas presente ahí, y lo sigues estando).

La sombra de un viejo árbol se proyecta con la luz anaranjada de un bello atardecer, cuyo cielo disfruta de tu prescencia porque estás volando nuevamente, tu cabello al compás del viento apacible se mueve y deja ese aroma (tu aroma) que me hipnotiza otra vez, provocándome un profundo delirio que es escrito en la corteza de aquel árbol viejo.

Estás en el aire, te siento en cada respiro; tu voz es como el canto de las aves en la mañana; tus ojos son estrellas que se reflejan en el mar, porque así brillan más. Tus manos bellas y suaves como tu hermoso rostro que me ilumina cada noche. Puedo oír tu corazón y gracias a él, el mío puede latir también. La noche muy oscura se encuentra, el cielo es un manto negro de tristeza; de pronto apareces tú y haces posible la belleza de la noche.

Te busco en mis sueños, porque es donde más te encuentro... Te amo en la realidad porque realmente te amo.

domingo, 1 de agosto de 2010

Al casi morir...

Tu voz oigo al encontrarme en medio del olvido, despierto, te sigo escuchando y me alegro porque no es un sueño. Tu voz es real y me tranquiliza; mágicamente, mis heridas cicatrizan una por una, el dolor disminuye hasta casi desaparecer, tu melodía sigue sonando, otra atmósfera se ve y se respira. Repentinamente, veo una luz en medio de mi oscuridad, eres tú, bella Luna, al fin eres tú...

Eres eso que necesitaba para dejar de llorar y levantarme de una vez, eres aquello que me alivia, que me anima a seguir adelante, gracias. Tu sola presencia ilumina todo este lugar, los recuerdos que flotaban en el viento -aquellos que no quiero recordar- son destruidos por tu hermosa luz. La muerte huye nuevamente al sentirte cerca, el mar de lágrimas en el que yo nadaba ha sido secado.

Me pregunto si estás, o siempre estuviste; yo creo que siempre estuviste, de otro modo habría muerto, habría sido aplastado por la misma muerte en ocasiones anteriores. Gracias por haberte robado mi corazón y no permitir que le hagan daño, gracias por tenerlo tú, gracias por cuidarlo de que no deje de latir. El papel en la botella que hace mucho tiempo lancé al mar finalmente regresa con tu nombre escrito.

martes, 27 de julio de 2010

Cuando pienso en ti

Pienso en ti cuando despierto,
cuando respiro, cuando en el oxígeno te siento,
cuando lloro, cuando me río,
cuando escribo, cuando miro al cielo y veo tu brillo.

Pienso en ti cuando te espero,
cuando no te veo, cuando con una canción te recuerdo,
cuando en el mar veo tu retrato,
cuando pienso que si no te tendré cerca, me mato.

Pienso en ti cuando te escribo,
cuando te oigo, cuando una sonrisa tuya recibo,
cuando sueño, cuando vuelo,
cuando con una lágrima me despido de ti y muero.

Pienso en ti cuando camino, cuando caigo,
cuando me levanto, cuando me doy cuenta de que nada valgo,
cuando pienso en amarte, cuando sueño con hablarte,
cuando con las nubes hablo de ti y empiezo a enamorarme.

Pienso en ti cuando no estás y cuando estás,
cuando el futuro se torna incierto y me pregunto dónde estarás,
cuando te llamo y no oyes, cuando te extraño
cuando te amo... cuando te amo.

miércoles, 21 de julio de 2010

Luna amada, quiero amarte

Quiero, bella Luna, que estés presente en el momento de mi último respiro, que sientas mi alma como un viento frío que te acaricia el rostro por última vez. Quiero también que tus latidos me dejes oír por última vez, para escuchar la canción más hermosa; para no olvidar –incluso después de la muerte- la voz de tu limpio y puro corazón, golpes que no producen dolor, percusión perfecta, belleza sonora, tu voz.

No te veré nunca más, Luna mía, no aquí en el país de los vivos, donde aun siendo inmortal, podrías morir de amor. Me iré de este mundo, y viviré en el mundo de los sueños, porque ahí te conocí por primera vez, me asombró tu belleza en ese lugar, y me asesinó tu hermosura aquí. Seré entonces como un sueño que vaga buscando una mente, la única que logró brillar, la única por la que mi pensamiento murió, tu mente, tu corazón… pero el corazón no puede soñar.

Si soñaran los corazones, si soñara el mío, tú no serías real. Agradezco a Dios por permitirme soñar con la mente, porque tú eres real, porque te encontraré páginas más adelante, por ese futuro incierto que ni tú ni yo conocemos, bella Luna. Escribiré en la arena lisa de la mañana, una última poesía/súplica para que te quedes en el cielo, para que no haya noche en que no brilles, amada Luna. Viví hasta mañana, morí desde antes, y soñaré para siempre. Nos veremos pronto, lo prometo.

sábado, 17 de julio de 2010

Velo... Luto

Cae la noche y el bosque se tiñe de negro; más adentro, un claro, árboles que se mecen con el soplar del viento y animales nocturnos que se dejan oír: todo combina y compone una fúnebre melodía. En medio, alguien experimentando la agonía por segunda vez, los cuervos, desde lo alto de los árboles que lo rodean, esperan el final para comerse sus ojos, aquellos que alguna vez la miraron pero no pudieron hablarle.

Una manada de lobos rodean al casi cadáver y lloran la inminente muerte de su hermano, aquella que lo separará de este sucio mundo. La luna -de la cual él estaba imposiblemente enamorado- no salió esa noche, ni siquiera se asomó por las tristes nubes, cuyo llanto como un eco se oía y aunciaba mi partida.

Mi respirar toma un ritmo más pausado, casi ni se percibe, al igual que mis latidos; el dolor no lo siento, pero me sigo quejando, mis párpados se quieren cerrar, pero hay una voz en mí que dice que aún falta algo, que espere, que resista un poco más este martirio. De pronto, una brillante luz desciende del cielo, brilla tanto que esa oscura atmósfera que predominaba, desapareció.

Eres tú, Luna, mis latidos recuperan su ritmo al igual que mi respirar, lentamente me doy cuenta de que puedo volver a moverme ¿Puedo vivir otra vez?¿Puedo amarte?, habías llegado a despedirte, pero yo te recibí para saludarte.

martes, 11 de mayo de 2010

Solo el viento es diferente

Rodeado de una atmósfera ajena a la que estaba acostumbrado, desperté en medio del desierto, nada raro para mí; esto ya había sucedido antes, pero había algo diferente, el viento, el cual usualmente soplaba desde el oeste, decidió cambiar de rumbo para venir desde el norte.

Sentado en la fría arena, observaba yo las dunas que pacientemente viajaban. Pude divisar en el horizonte un débil Sol que no podía luchar contra las imponentes nubes que me protegían y me escuchaban de vez cuando.

Tranquilo, en medio de la nada, no apareciste ni un momento en mis pensamientos, pero era todo muy quieto, pasaban las horas que pronto serían enterradas en la arena para construir así el gran reloj de mi universo, horas desesperantes y dolorosas. Me dieron ganas de gritar tu nombre, lo grité para que el viento lo lleve donde tú estabas, pero no pudo… ¿Dónde estabas?, ¿era acaso tan lejos que incluso el viento no pudo llegar?

Si el viento no puede, yo lo haré, viajaré a tierras lejanas y sombrías, cruzaré el Hades, lucharé contra los muertos y moriré si fuera necesario.

Aun muerto, mi alma despertará y seguirá buscándote para llevarte mi voz; desde el centro de la Tierra, si así lo determinase mi voluntad, viajaré al infinito donde te encuentras, te buscaré observando cada estrella hasta que mis ojos se quemen, hasta ser consumido por el universo.

Caigo al mar, y me ahogo en pensamientos que nunca más me dejarán dormir, que nunca más me permitirán respirar…

domingo, 9 de mayo de 2010

Primer segundo (vuelo)

Cuánto dura un segundo, me preguntaba desde mi habitación mientras miraba por una opaca ventana al mundo exterior, del cual formo parte, pero al que algún día renunciaré.

Un segundo es relativo al tiempo que te pensé y nunca apareciste
Un segundo es, por lo tanto, una eternidad….

Vuelvo a mirar por la ventana y ya es de noche, las grises nubes se apoderaron nuevamente del cielo, pero hasta ellas quedaron reducidas a nada por la oscuridad, es entonces cuando pienso: “¿Qué rayos soy yo en la oscuridad?, ¿más oscuridad o nada de luz?”

Abro la ventana y fríos vientos del sur recorren mi habitación volviéndola más tenebrosa, y a mí convirtiéndome ya no en un simple espectro, sino en uno más frío y oscuro…

Eran las dos de la mañana y decidí, después de mucho tiempo dormir; no pude, porque lo olvidé, ya estoy profundamente dormido. Es mi sueño una vida, miles de segundos.

Aprendí a volar en un segundo y salí por mi ventana en busca de más viento frío, así que volé hasta el fin del mundo, al borde… es ese lugar parecido a uno que soñé alguna vez; donde, como era de esperarse, terminé despertando para iniciar uno nuevo comúnmente llamado “ Vida real”.

No me canso de volar, así que dejé por un momento el borde del mundo y me transporté rápidamente al vacío, lugar indescriptible por su propia naturaleza, lugar que no distingue, casi considerado como el lugar perfecto para mí si no fuera porque alguien más lo habita, y es cuando descubro que no existe el vacío, ni éste es real…

Dejé de creer en la suerte hace ya muchísimo tiempo, pero esta vez tuve mala suerte…
¿Qué rayos es la suerte?... esa es otra historia.