Luz nocturnal de luna fría es la que asoma sus gélidas pestañas entre las grietas de una ventana cruelmente golpeada por vientos aguzados; vientos que respiraron el último suspiro de un otoño con aires de invierno. Cielos profundos, tan profundos como el café de tus ojos, tan brillante como las estrellas que algun día salieron de ellos; es de noche. Noche despierta que tiñe, noche dormida que juega a ser noche; noche al fin y al cabo.
Dejaré teñir solemnemente mi aliento en esta realidad tan irreal, tan cierta como incierta, tan sincera como falsa/invisible. Que calle mi aliento, que calle mi respirar, que callen esas tintas dormidas por el silencio fragoroso de mi ser; que callen todas esas cosas, pero que no calle mi voz mientras aún esté despierto.
Seguirán jugando las gotas de lluvia; seguirán cantando los jazmines mudos; seguirán las aves fingiendo que vuelan, y seguirán cayendo en un infinito que aterra, pero es hermoso por todo aquello que en él cae. Yo seguiré observando esa lluvia seca que cae por el este...
