jueves, 4 de noviembre de 2010

Que con su desnudez la sombra me cubra.

El viento susurró y los árboles se movieron, la sombra desnuda de la noche vistióse con el llanto de las flores. Aquellos ojos que en el mar flotaban no volvieron a mirar, pero observaban la luna sin cesar. El viento volvió a susurrar y las flores se marchitaron, hoy la sombra brilla en su desnudez, ¿cuánto falta para que amanezca?

Falta mucho para que el sol de noviembre se asome por el horizonte, esa ventana de grises y rojos atados a un corazón palpitante y danzante, atado con sogas de acero que lastiman, sogas que marcan. Ruego que la sombra desnuda cubra la desnudez de mi alma con la suya. Que el sol no me queme los ojos para ver tu brillo, que tu brillo me mate para morir en tus manos, que tus manos brillen para no ver el sol.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Maldita condena, bendito olvido... Maldito miedo.

El mundo da vueltas, muchas vueltas, demasiadas vueltas. Malditas vueltas, todo da vueltas, estoy mareado sin alcohol, estoy mareado por tantas vueltas. Náuseas, piernas temblorosas y una palidez tan fría como el pálido de esos ojos, como el pálido del viento en la noche de negro pálido. Persianas malogradas que no dejan pasar la luz de esa noche... tardé en darme cuenta de que era de día y era hora de despertar, malditas vueltas.



El mundo da vueltas, y estoy cansado de ellas; tan cansado, que tengo un corazón sangrando; tan cansado, que quiero seguir dando vueltas. Soy un mago, convierto en oscuridad lo que en algún día fue luz (tu sonrisa, el brillo brillante de tus ojos), soy un mago, fui un hechicero. El cielo, luto de los vivos, es como un desafiante mar de olas invisibles; una vez quise volar, pero no serán dos veces (aunque el mundo dé vueltas). Soñé con mirarte a los ojos, soñé con hablarte, soñé con inspirarme con tu voz que alegraba un sueño triste al cantar en Si. El viento viaja presuroso, pero tímido y timado, malditas las pestañas del universo que lo engañaron. No puedo volar, pero puedo mirar el cielo.



Miedo, maldito miedo que se ocultó esa noche, maldito mi miedo, maldito tu miedo. Viví por ti, morí por ti, por tu miedo y el mío. Qué bueno que morí por algo mutuo. Condenarme a una oscura amnesia sedienta de olvido, pero hambrienta de recuerdos es la más grande hipocresía en la que pude haber caído. Condenarme a una eterna sinfonía de lamentos es dejar de oírte. Condenarme a ser condenado a todo ello fue una estupidez.