jueves, 4 de noviembre de 2010

Que con su desnudez la sombra me cubra.

El viento susurró y los árboles se movieron, la sombra desnuda de la noche vistióse con el llanto de las flores. Aquellos ojos que en el mar flotaban no volvieron a mirar, pero observaban la luna sin cesar. El viento volvió a susurrar y las flores se marchitaron, hoy la sombra brilla en su desnudez, ¿cuánto falta para que amanezca?

Falta mucho para que el sol de noviembre se asome por el horizonte, esa ventana de grises y rojos atados a un corazón palpitante y danzante, atado con sogas de acero que lastiman, sogas que marcan. Ruego que la sombra desnuda cubra la desnudez de mi alma con la suya. Que el sol no me queme los ojos para ver tu brillo, que tu brillo me mate para morir en tus manos, que tus manos brillen para no ver el sol.

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