martes, 27 de julio de 2010

Cuando pienso en ti

Pienso en ti cuando despierto,
cuando respiro, cuando en el oxígeno te siento,
cuando lloro, cuando me río,
cuando escribo, cuando miro al cielo y veo tu brillo.

Pienso en ti cuando te espero,
cuando no te veo, cuando con una canción te recuerdo,
cuando en el mar veo tu retrato,
cuando pienso que si no te tendré cerca, me mato.

Pienso en ti cuando te escribo,
cuando te oigo, cuando una sonrisa tuya recibo,
cuando sueño, cuando vuelo,
cuando con una lágrima me despido de ti y muero.

Pienso en ti cuando camino, cuando caigo,
cuando me levanto, cuando me doy cuenta de que nada valgo,
cuando pienso en amarte, cuando sueño con hablarte,
cuando con las nubes hablo de ti y empiezo a enamorarme.

Pienso en ti cuando no estás y cuando estás,
cuando el futuro se torna incierto y me pregunto dónde estarás,
cuando te llamo y no oyes, cuando te extraño
cuando te amo... cuando te amo.

miércoles, 21 de julio de 2010

Luna amada, quiero amarte

Quiero, bella Luna, que estés presente en el momento de mi último respiro, que sientas mi alma como un viento frío que te acaricia el rostro por última vez. Quiero también que tus latidos me dejes oír por última vez, para escuchar la canción más hermosa; para no olvidar –incluso después de la muerte- la voz de tu limpio y puro corazón, golpes que no producen dolor, percusión perfecta, belleza sonora, tu voz.

No te veré nunca más, Luna mía, no aquí en el país de los vivos, donde aun siendo inmortal, podrías morir de amor. Me iré de este mundo, y viviré en el mundo de los sueños, porque ahí te conocí por primera vez, me asombró tu belleza en ese lugar, y me asesinó tu hermosura aquí. Seré entonces como un sueño que vaga buscando una mente, la única que logró brillar, la única por la que mi pensamiento murió, tu mente, tu corazón… pero el corazón no puede soñar.

Si soñaran los corazones, si soñara el mío, tú no serías real. Agradezco a Dios por permitirme soñar con la mente, porque tú eres real, porque te encontraré páginas más adelante, por ese futuro incierto que ni tú ni yo conocemos, bella Luna. Escribiré en la arena lisa de la mañana, una última poesía/súplica para que te quedes en el cielo, para que no haya noche en que no brilles, amada Luna. Viví hasta mañana, morí desde antes, y soñaré para siempre. Nos veremos pronto, lo prometo.

sábado, 17 de julio de 2010

Velo... Luto

Cae la noche y el bosque se tiñe de negro; más adentro, un claro, árboles que se mecen con el soplar del viento y animales nocturnos que se dejan oír: todo combina y compone una fúnebre melodía. En medio, alguien experimentando la agonía por segunda vez, los cuervos, desde lo alto de los árboles que lo rodean, esperan el final para comerse sus ojos, aquellos que alguna vez la miraron pero no pudieron hablarle.

Una manada de lobos rodean al casi cadáver y lloran la inminente muerte de su hermano, aquella que lo separará de este sucio mundo. La luna -de la cual él estaba imposiblemente enamorado- no salió esa noche, ni siquiera se asomó por las tristes nubes, cuyo llanto como un eco se oía y aunciaba mi partida.

Mi respirar toma un ritmo más pausado, casi ni se percibe, al igual que mis latidos; el dolor no lo siento, pero me sigo quejando, mis párpados se quieren cerrar, pero hay una voz en mí que dice que aún falta algo, que espere, que resista un poco más este martirio. De pronto, una brillante luz desciende del cielo, brilla tanto que esa oscura atmósfera que predominaba, desapareció.

Eres tú, Luna, mis latidos recuperan su ritmo al igual que mi respirar, lentamente me doy cuenta de que puedo volver a moverme ¿Puedo vivir otra vez?¿Puedo amarte?, habías llegado a despedirte, pero yo te recibí para saludarte.