En el país de mis sueños te encontré mientras dormía, estabas bella -como siempre- las estrellas te rodeaban como dulces y puros ángeles semejantes a ti y alumbraban tu rostro creando una perfecta imagen que opacaba a todo lo bello que ya existía hasta ese entonces (todo lo que soñaba era bello, por eso estabas presente ahí, y lo sigues estando).
La sombra de un viejo árbol se proyecta con la luz anaranjada de un bello atardecer, cuyo cielo disfruta de tu prescencia porque estás volando nuevamente, tu cabello al compás del viento apacible se mueve y deja ese aroma (tu aroma) que me hipnotiza otra vez, provocándome un profundo delirio que es escrito en la corteza de aquel árbol viejo.
Estás en el aire, te siento en cada respiro; tu voz es como el canto de las aves en la mañana; tus ojos son estrellas que se reflejan en el mar, porque así brillan más. Tus manos bellas y suaves como tu hermoso rostro que me ilumina cada noche. Puedo oír tu corazón y gracias a él, el mío puede latir también. La noche muy oscura se encuentra, el cielo es un manto negro de tristeza; de pronto apareces tú y haces posible la belleza de la noche.
Te busco en mis sueños, porque es donde más te encuentro... Te amo en la realidad porque realmente te amo.
lunes, 2 de agosto de 2010
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