Tu voz oigo al encontrarme en medio del olvido, despierto, te sigo escuchando y me alegro porque no es un sueño. Tu voz es real y me tranquiliza; mágicamente, mis heridas cicatrizan una por una, el dolor disminuye hasta casi desaparecer, tu melodía sigue sonando, otra atmósfera se ve y se respira. Repentinamente, veo una luz en medio de mi oscuridad, eres tú, bella Luna, al fin eres tú...
Eres eso que necesitaba para dejar de llorar y levantarme de una vez, eres aquello que me alivia, que me anima a seguir adelante, gracias. Tu sola presencia ilumina todo este lugar, los recuerdos que flotaban en el viento -aquellos que no quiero recordar- son destruidos por tu hermosa luz. La muerte huye nuevamente al sentirte cerca, el mar de lágrimas en el que yo nadaba ha sido secado.
Me pregunto si estás, o siempre estuviste; yo creo que siempre estuviste, de otro modo habría muerto, habría sido aplastado por la misma muerte en ocasiones anteriores. Gracias por haberte robado mi corazón y no permitir que le hagan daño, gracias por tenerlo tú, gracias por cuidarlo de que no deje de latir. El papel en la botella que hace mucho tiempo lancé al mar finalmente regresa con tu nombre escrito.
domingo, 1 de agosto de 2010
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