martes, 12 de octubre de 2010

Ya ni las estrellas cantaron...

Mi sueño esta vez es caracterizado por un profundo silencio nocturno, castigo de pecadores que no se arrepienten y musas que olvidaron que fueron olvidadas. Brilla en el cielo una lágrima que cae, lágrima que soñó en una cama de pestañas gruesas que impidieron el despertar de una doncella cautiva de inútiles intentos por escapar, nadie la rescató, todos la ignoraron. ¿Llegarán al anochecer aquellas canciones que son a la vez pañuelos? Depende del ánimo del silencio.

En silencio, el mar me arrebató los pensamientos; en silencio, lloré ahogado en un mar que quemaba; silencio, bendito silencio que susurra versos de poemas viejos y empolvados como cartas de un soldado en guerra que creyó que moría mientras ganaba. Despierta, luna ingrata e ilumina, aunque sea por última vez, esas miradas que ya no brillan.

Olas de un mar desesperado se agitan y mueren en la orilla, las observo, lloro su muerte (soy el único que lo hace). Palpitares y latidos constantes, pero lentos, se confunden con el ciclo de un péndulo impaciente de un reloj cuyos segundos se hicieron más cortos y dejaron de durar. Ya no me quedaban lágrimas, se las regalé al mar. Volveré en una balsa de recuerdos olvidados y de sueños hundidios en el mar. Ya ni las estrellas cantaron esa noche.

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