lunes, 27 de septiembre de 2010

Todo sucede cuando veo tus ojos.

Observo tus ojos brillantes que reflejan mis lágrimas negras que en una densa atmósfera no caen al suelo y flotan en el aire como nubes cargadas que ansiosas esperan el momento de ser derramadas en el mar de los recuerdos, mejor aún en el país de los sueños que en sequía vive, por ahora. Un alma sedienta viaja por un prado de rosas negras, hermosas, suaves, fragantes; todas con punzocortantes espinas que un mortal veneno guardan, veneno que se convierte en droga necesaria para que un corazón (afortunado o desafortunado, no importa) pueda latir. Droga que se convierte en amor, amor que se convierte en armas, armas que dan muerte y muerte que se convierte en vida.


Tal vez el mundo se detenga ahora, tal vez el cielo deje de brillar, tal vez la luna logre alejarse para siempre, tal vez yo no vuelva a llorar; pero siempre estarás tú, mi inspiración, mi luz, aquellos versos que nublan mis ojos y a pesar de eso, siento que puedo ver. Le pido al cielo que seas y que estés presente en el aire para poder sentirte cada segundo de vida que me queda, y si me queda un segundo, que haga una pausa para que sea eterno.

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