Rodeado de una atmósfera ajena a la que estaba acostumbrado, desperté en medio del desierto, nada raro para mí; esto ya había sucedido antes, pero había algo diferente, el viento, el cual usualmente soplaba desde el oeste, decidió cambiar de rumbo para venir desde el norte.
Sentado en la fría arena, observaba yo las dunas que pacientemente viajaban. Pude divisar en el horizonte un débil Sol que no podía luchar contra las imponentes nubes que me protegían y me escuchaban de vez cuando.
Tranquilo, en medio de la nada, no apareciste ni un momento en mis pensamientos, pero era todo muy quieto, pasaban las horas que pronto serían enterradas en la arena para construir así el gran reloj de mi universo, horas desesperantes y dolorosas. Me dieron ganas de gritar tu nombre, lo grité para que el viento lo lleve donde tú estabas, pero no pudo… ¿Dónde estabas?, ¿era acaso tan lejos que incluso el viento no pudo llegar?
Si el viento no puede, yo lo haré, viajaré a tierras lejanas y sombrías, cruzaré el Hades, lucharé contra los muertos y moriré si fuera necesario.
Aun muerto, mi alma despertará y seguirá buscándote para llevarte mi voz; desde el centro de
Caigo al mar, y me ahogo en pensamientos que nunca más me dejarán dormir, que nunca más me permitirán respirar…

esta paja (Y)
ResponderEliminarnice (H)
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