domingo, 13 de noviembre de 2011

La dulce hechicera

Y siento tu ausencia presente,

cual verdugo que tortura,

cual ceniza en la herida ardiente,

cual insomnio que madruga.

Como oscuros falsos destellos:

aquellas mentiras de aquellos.


(Y me pregunto:

¿Cuántas lunas, hasta encontrarnos, han de pasar?

¿Cuántas noches mis ojos han de derramar?

¿Cuántas lágrimas mi almohada ha de secar?)


Miedos entre líneas,

entre penumbras nacientes;

es tu ausencia la mía

de latidos inertes...

(que laten sin rumbo,

que invocan conjuros

de magia que envuelve

cual lluvia paciente).


Mirar hacia el negro cielo,

con hadas y estrellas albinas

que danzan extintas de credos

y vuelan en euforia infinita.


¿Y dónde estás, mi amada hechicera?

¿Qué le has hecho a mi alma despierta?

¿Dónde estás belleza furtiva?

Devuélveme el alma cansina.


(Y los seres del bosque responden:

se ha marchado la dulce hechicera,

pero nunca sabremos a dónde,

volverá en una luna llena

y la verás danzando en el cielo,

en el sol; a lo lejos, por el horizonte.)


Desde entonces, estoy esperando

en el horizonte, en el cielo, en el llano;

la hechicera que mi alma llevó

al infinito, al olvido,

al cielo, al recuerdo,

a lo eterno, al destino,

que a algún sitio mi alma llevó.

viernes, 7 de octubre de 2011

Volar contigo

Volar en compases alados

de una canción infinita

con versos cantados,

te veo:

mi corazón palpita.


Soñar en mares tranquilos,

oír las voces despiertas

de corazones sumidos

en latidos de dulces estrellas.


Cantando las notas de lluvia,

bajo el cielo lunado,

albor de la noche;

vientos velados,

penumbras desiertas:

sombras extintas,

de sonrísas tuyas: alegrías mías.


Parpadeo:


Volar hacia cielo,

aullar en la luna,

viajar en el tiempo,

ser eterno, inmortal;

galopar fuertemente,

extender mis alas,

volar nuevamente:

tomando tus manos,

ir al espacio infinito,

diciendo "te amo",

lo repito.


Abro los ojos,

brillan los tuyos;

no existen relojes,

no existe el tiempo.

no existe la nada

y el todo está en tu mirada

brillosa, eterna, grandiosa.

Ahí estaré

Si el cielo oscurece, si llega la noche tan fría; ahí estaré.

Si la luna perece, si el mar envejece; ahí estaré.

Si el viento se esfuma, si la penumbra se aclara; ahí estaré.

Si las estrellas lloran, si el universo se apaga; ahí estaré.


Estaré cual insomnio despierto y velando,

soplando: las sombras matando.


Como guardián vigilante,

moriré con tal de cuidarte.


Como el viento que sopla del este,

aunque la vida me cueste.


Si los latidos te faltan,

si tu aliento se aparta,

si los segundos se marchan;

los míos te doy.


Si tus notas se escapan;

una canción te daré.


Cual guitarra sonante,

que sueña y que suena;

cual trovador, cual cantante.


Melodía palpitante,

de las venas es el sonar;

mis latidos son el compás,

de mi alma que quiere cantar.


De tus ojos me inspiro,

tu mirada calmada,

sonrisa callada;

silencio precioso,

destello grandioso;

por todo ello y por más suspiro.

sábado, 1 de octubre de 2011

Sublevación adyacente (Contra la realidad y sus parámetros irreales)

Que ya me esfumo

entre cadáveres de humo,

de imágenes mentales

y fuegos artificiales.


Que nada es cierto,

que la verdad la prometen;

verdad manipulada

al antojo de sus intereses.


Es momento del silencio,

del castigo de los necios

la noche está oscura

y mi cuarto está hecho una ruina.


Que pienso;

sin embargo, nunca existo

fui expulsado con rezos

y castigos nunca vistos.


Es momento de la luna,

testigo de la noche;

testigo del amor:

el colmo de esos profesores.


Que grito al cielo,

pero que el hombre no me escucha;

estoy siendo sincero

y que me maten si miento.


A todo esto,

sus palabras fueron espectros;

mutilaciones de fantasmas

y estupideces en directo.


Directo,

facilidad de entendimiento,

porque, si no se me comprende,

mejor darles el panorama a los tuertos.


Ángulos rectos,

de pie, atención:

tengan un poco de intelecto,

y, a sus creencias, conviértanlas en acción.


Sería un buen comienzo

callar a lo que no es verdadero,

dejar la procacidad

y hacer las cosas con sinceridad.


Corazones parlantes;

los obligaron a callar,

atados por pensamientos ignorantes

de este sistema al que le llaman realidad.


martes, 2 de agosto de 2011

Indestructible

Los escalones mágicos parecían danzar con el suave silbo del viento fuerte, las paredes esbozaban inocentes sonrisas mientras oían la melodía que -mágicamente- hizo al viento detenerse, los escalones seguían danzando y eran los mayores testigos de ese acontecimiento que no sé describir, pero que no fue menos mágico.


La melodía cesó, pero seguía escuchándose; ni el viento se la podía llevar, ni los rayos de ese sol escaso de invierno la podían consumir, ni todas las melodías podían llevársela. La melodía estuvo en uno y, luego, en ambos; sí, estaba en ambos y en ambos se dejaba oír. Los latidos del uno hacían sus manos temblar; estas parecían congelarse en un silencio hermoso que solo podía ser producido en estas circunstancias. Los ojos le brillaban, miraban y sonreían; él continuaba temblando al compás de sus galopantes latidos que habían superado velocidades físicas.


Las palabras se hacían presentes en pensamientos y, los pensamientos, en miradas y, las miradas, en significantes destellos color sol que estallaban como rayos en cuatro ventanas metafísicas que continuamente se miraban de soslayo o directos.


Él la amará el tiempo de vida de aquella canción: PARA SIEMPRE. Porque las canciones son eternas y mis latidos también.

viernes, 1 de julio de 2011

EPISODIO ONÍRICO

Las paredes se entristecían con la llegada de la atmósfera nocturna, las blancas cortinas se perdían intrépidamente con el viento y sus corrientes... yo observaba, esperaba... con asias, porque ya sabía lo que pasaría.

Esa vez, no dormí, tan solo para saborear con mi vista el tan bipolar color del ámbar celeste de aquella madrugada que -apenas- me permitía divisar algunos objetos flotantes en las turbias memorias de una mente olvidada (no importa si era la mía o de los tantos fantasmas que en mi alcoba moraban); no obstante, yo estaba en mi habitación. Mis inmóviles sábanas parecían ser el nexo entre el estrepitoso sueño que no me dejaba soñar y del tan silencioso vacío que no me dejaba vivir.

Los debilitados rayos de luz de la ciudad estaban así por culpa de una densa niebla que adoptó forma de ola, forma de mar. Corrí, no quería ahogarme, corrí lo más rápido que pude hasta llegar a la orilla de la cual no recuerdo si su cuerpo era tan duro como los salados peñascos del mar; o tan suave, como la delicada arena fina que -a fin de cuentas- era un peñasco destrozado, un cadáver pulverizado por el tiempo y muerto por la incertidumbre. El mar está en tus ojos y yo estaba en el mar, escapando de las vertiginosas caídas que solo los fuertes oleajes armados con aguzados cuchillos me podían ofrecer, en los sueños más hermosos, donde las caídas son el despertar y donde es venenoso el olvido. Porque, si de soñar me detengo, ya no existo... ya no vuelvo.

Mis pies desnudos tocaron el suelo frío, lo hice con diligencia para que no despierten los insomnios que dejé durmiendo debajo de mi cama. Abandono la habitación y encuentro otra; esta tiene una gran ventana de cristal grueso para que no entren esas sombras mías que dejé pintadas en un muro donde nunca me lamentaré el haberme lamentado ahí. Una puerta de marco de oro raudamente se abre y el poderoso viento ingresa hasta penetrar en mis huesos... las sombras solo conocen ventanas.

Te veo. Brillas incandesentemente por lo alto del cielo y en lo profundo del mar. Tu estentóreo silencio hace sordo al silbido que sopla de forma incesante sobre las olas que un día me ahogaron. Al fin vuelves a hablar y tu voz suavemente se desliza por el retumbar del los latidos que dejé en un cristal... vuelvo a soñar, vuelvo a vivir. Nuevamente es hora de dormir, mañana -o en mil años, incluso- abrirás nuevamente el frasco y mis latidos se combinarán nuevamente con tu voz silenciosa y dulce, para ver el cielo que se refleja en el mar, que está en tus ojos, donde sueño, donde vivo...

jueves, 30 de junio de 2011

Las estaciones que Vivaldi nunca compuso

Me da igual si las flores florecen en un día agradable; si el sol brilla y quema hasta evaporar la sangre de mis latidos (a lo más profundo del cielo, que también es mar); si las hojas caen al no poder resistirse ante el feroz y cruento viento otoñal, y mucho menos si la lluvia inunda cada rincón del planeta en un invierno universal.

Nada de eso importa, nada de eso, porque no importa el momento, e incluso me es posible prescindir del tiempo durante algunos segundos o durante alguna eternidad infinita o finita (depende de mí, depende de ti). Porque sí me importa que, en cada momento, tú seas el pétalo, la flor fragante y suave que haga agradable mi día; que seas tú (nadie más, solo tú) el rayo de sol en verano que incinere y evapore mi interior; que seas tú el viento y las hojas que bellas melodías componen al pasearse por el vacío de mi mirada, y que seas tú cada gota de lluvia que sacia mi sed después del otoño seco y erial.

Siendo tú el todo, no importará -ni siquiera- si el tiempo existe o no existe... porque tú existencia sí existirá (y no es necesario ni tiempo ni espacio para ello)

Te amo metafísicamente, te amo no solo con el corazón, sino también, con mi sangre y con mis venas. Aun así mis párpados se cerraran, te seguiría viendo; porque eres mis ojos. Aun así mis oídos se taparan, te seguiría oyendo; porque tú eres mis oídos. AUN ASÍ mi corazón se detuviese, seguiría latiendo; porque tú eres mi corazón, tú eres cada latido; cada gota de sangre en mí eres tú, porque me mantienes vivo y solo tu ausencia puede matarme.

martes, 31 de mayo de 2011

Se busca un sueño

La aurora gélida y multicolor de tu respirar invernal danzaba en mi habitación (de blanco y negro) y me ocultaba los hermosos destellos de tus cabellos durmientes que reposaban sobre la luna lejana; sin embargo, esa noche te sentí más cerca que cualquier otra. Abrí una ventana y miré por un momento al velo nocturno del cielo agridulce y pálido, velo fúnebre de sueños olvidados que yo anhelo soñar otra vez. Tus últimas huellas quedaron impresas en la orilla del mar de mis pensamientos, en la arena de mi memoria fría y solitaria, en el atardecer nocturno en que la luna pudo sonreír. Volaste intentando no sumergirte en ese mar, desafiando a mi olvido obstinado; volando y sumergiéndote -sin querer- en lo profundo del misterio del cielo oscuro, en un rincón del paisaje pintado en el viejo lienzo al que llaman vida algunos... lo hiciste otra vez.

Ojeras solitarias hablan, gritan y buscan -en desconcierto aún- el te amo que se perdió entre sueños, el mismo que fue devorado despiadadamente por las fauces de mi desdichada demencia de otoño caótico y moribundo, ese que se extravió contigo. Te busqué en Leo y en Escorpio, pero ahí no estabas. Viajé a Oz y no te encontré... No estás ni en Pensamiento, ni en Olvido ¿Dónde estás? ¿O será que me extravié tratando de buscarte? ¿Y dónde estoy entonces, si no sé dónde estás?

Qué ingrato es MORIR viviéndote (pienso).

Qué grato es VIVIR queriéndote (digo, vivo soy). Viviré...

viernes, 27 de mayo de 2011

Déjame

Déjame volar a tu lado, sentir el mismo viento que sientes en lo alto del cielo.

Déjame ser tu invierno y tu verano, tus lágrimas y tus risas.

Déjame decirte lo que mi corazón quiere gritar, déjame desgarrar mi garganta gritando tu nombre perfecto.

Déjame cantarte una vez más esa canción que jamás escuchaste.

Déjame ser verso para formar parte de tu poesía.

Déjame ser lo oscuro en tu luz. Ser el ruido que complemente tu silencio infinito.

Déjame convertirme en ese espectro invisble para que puedas verme.

Déjame ser la amnesia que necesita tu mente.

Déjame ser fuego y agua. Déjame encender las apagadas antorchas de tus caminos oscuros y déjame apagar tus encendidos incendios que tus lágrimas no logran apagar.

Déjame ser el eco de tus latidos, ser el viento que los lleve consigo hasta el infinito de tu corazón, para darle razones al mío.

domingo, 15 de mayo de 2011

L a v i d a n o e s s u e ñ o

Si la vida fuera sueño, no vivirías, porque sueño eres.

Si la vida fuera sueño, soñaría con más ganas, si tú fueras vida.

Si me permitiese el sueño, viviría un momento para saber cómo es soñarte

Si no vivo y si no sueño, estás.

Si vivo y sueño, eres.

Si la vida sueño fuese, vida tras vida soñaría con que fueras,

porque si no te sueño, no vivo; y, si nunca viví, jamás te soñaré.

Si no te sueño, muero: no hay vida.

Si te sueño, vivo: ¿cuando moriré, si viviré soñando?

Si soñando viviera, viviendo muriera.


Si tú eres sueño, no eres vida. Si eres sueño y vida, no te sueño.


La vida no es sueño, porque no te vivo... y ya no te sueño.

¿Cuándo te soñé? ¿Cuándo te viví?

¿Cuándo viví?... ¿C u á n d o s o ñ é?

viernes, 4 de febrero de 2011

Insomnio durmiente

Luz nocturnal de luna fría es la que asoma sus gélidas pestañas entre las grietas de una ventana cruelmente golpeada por vientos aguzados; vientos que respiraron el último suspiro de un otoño con aires de invierno. Cielos profundos, tan profundos como el café de tus ojos, tan brillante como las estrellas que algun día salieron de ellos; es de noche. Noche despierta que tiñe, noche dormida que juega a ser noche; noche al fin y al cabo.

Dejaré teñir solemnemente mi aliento en esta realidad tan irreal, tan cierta como incierta, tan sincera como falsa/invisible. Que calle mi aliento, que calle mi respirar, que callen esas tintas dormidas por el silencio fragoroso de mi ser; que callen todas esas cosas, pero que no calle mi voz mientras aún esté despierto.

Seguirán jugando las gotas de lluvia; seguirán cantando los jazmines mudos; seguirán las aves fingiendo que vuelan, y seguirán cayendo en un infinito que aterra, pero es hermoso por todo aquello que en él cae. Yo seguiré observando esa lluvia seca que cae por el este...

miércoles, 29 de diciembre de 2010

Al borde/centro de la estupidez

Encerrado en una oscuridad que asfixia, odiado por mi alma que destila negras lágrimas de los ojos de un corazón amenazado por la cruenta conciencia que me repite el nefasto momento en el que la idiotez le ganó a la razón, mi única razón (¿Cómo fue posible eso? ¿Qué demonio se atrevió a tal cosa?). Ojos no ajenos que intentan dormir; pero si no es la conciencia, es el silencio quien me recuerda que no merezco el descanso en el santo País de los Sueños... maldita melodía silenciosa que se aparece cuando el silencio ya no es necesario.

Y no por el hecho de que el sueño no logre conciliar digo que el silencio se haya vuelto inútil; cuando digo que el silencio ya no es necesario me refiero a que, incluso con la ausencia de sonidos tan complejos e incomprensibles como el maldito silencio, mi mente no deja de recordar aquella falla que me volvió más humano y menos digno... digno de...

Las horas pasan, los vientos silban en distintas direcciones y rompen el silencio. Mi mente, mi corazón siguen odiándome; acordes viejos de una guitarra olvidada son mi único consuelo y consejero que se refugia en un rincón olvidado de mi, hoy, fría habitación. Por medio de melodías dulces/amargas, llego a los pies de un gran reloj que se niega a concederme el favor tan imposible de retroceder veintisiete horas y veinticuatro minutos, lágrimas negras nuevamente inundan esta habitación y la tiñen de color fiesta fúnebre.

La quise, siempre la he querido...


jueves, 4 de noviembre de 2010

Que con su desnudez la sombra me cubra.

El viento susurró y los árboles se movieron, la sombra desnuda de la noche vistióse con el llanto de las flores. Aquellos ojos que en el mar flotaban no volvieron a mirar, pero observaban la luna sin cesar. El viento volvió a susurrar y las flores se marchitaron, hoy la sombra brilla en su desnudez, ¿cuánto falta para que amanezca?

Falta mucho para que el sol de noviembre se asome por el horizonte, esa ventana de grises y rojos atados a un corazón palpitante y danzante, atado con sogas de acero que lastiman, sogas que marcan. Ruego que la sombra desnuda cubra la desnudez de mi alma con la suya. Que el sol no me queme los ojos para ver tu brillo, que tu brillo me mate para morir en tus manos, que tus manos brillen para no ver el sol.

miércoles, 3 de noviembre de 2010

Maldita condena, bendito olvido... Maldito miedo.

El mundo da vueltas, muchas vueltas, demasiadas vueltas. Malditas vueltas, todo da vueltas, estoy mareado sin alcohol, estoy mareado por tantas vueltas. Náuseas, piernas temblorosas y una palidez tan fría como el pálido de esos ojos, como el pálido del viento en la noche de negro pálido. Persianas malogradas que no dejan pasar la luz de esa noche... tardé en darme cuenta de que era de día y era hora de despertar, malditas vueltas.



El mundo da vueltas, y estoy cansado de ellas; tan cansado, que tengo un corazón sangrando; tan cansado, que quiero seguir dando vueltas. Soy un mago, convierto en oscuridad lo que en algún día fue luz (tu sonrisa, el brillo brillante de tus ojos), soy un mago, fui un hechicero. El cielo, luto de los vivos, es como un desafiante mar de olas invisibles; una vez quise volar, pero no serán dos veces (aunque el mundo dé vueltas). Soñé con mirarte a los ojos, soñé con hablarte, soñé con inspirarme con tu voz que alegraba un sueño triste al cantar en Si. El viento viaja presuroso, pero tímido y timado, malditas las pestañas del universo que lo engañaron. No puedo volar, pero puedo mirar el cielo.



Miedo, maldito miedo que se ocultó esa noche, maldito mi miedo, maldito tu miedo. Viví por ti, morí por ti, por tu miedo y el mío. Qué bueno que morí por algo mutuo. Condenarme a una oscura amnesia sedienta de olvido, pero hambrienta de recuerdos es la más grande hipocresía en la que pude haber caído. Condenarme a una eterna sinfonía de lamentos es dejar de oírte. Condenarme a ser condenado a todo ello fue una estupidez.

martes, 12 de octubre de 2010

Ya ni las estrellas cantaron...

Mi sueño esta vez es caracterizado por un profundo silencio nocturno, castigo de pecadores que no se arrepienten y musas que olvidaron que fueron olvidadas. Brilla en el cielo una lágrima que cae, lágrima que soñó en una cama de pestañas gruesas que impidieron el despertar de una doncella cautiva de inútiles intentos por escapar, nadie la rescató, todos la ignoraron. ¿Llegarán al anochecer aquellas canciones que son a la vez pañuelos? Depende del ánimo del silencio.

En silencio, el mar me arrebató los pensamientos; en silencio, lloré ahogado en un mar que quemaba; silencio, bendito silencio que susurra versos de poemas viejos y empolvados como cartas de un soldado en guerra que creyó que moría mientras ganaba. Despierta, luna ingrata e ilumina, aunque sea por última vez, esas miradas que ya no brillan.

Olas de un mar desesperado se agitan y mueren en la orilla, las observo, lloro su muerte (soy el único que lo hace). Palpitares y latidos constantes, pero lentos, se confunden con el ciclo de un péndulo impaciente de un reloj cuyos segundos se hicieron más cortos y dejaron de durar. Ya no me quedaban lágrimas, se las regalé al mar. Volveré en una balsa de recuerdos olvidados y de sueños hundidios en el mar. Ya ni las estrellas cantaron esa noche.

Paradero drogadicto. dicto. dicto.

Estaba sentado en una de las bancas del paradero de los viejos recuerdos; observaba cómo lentamentamente pasaban buses de puertas oxidadas y de mentes tétricas, sí, dementes. Leía un periódico escupido, húmedo y con muchas huellas sobre él. La lluvia había originado un arcoiris nocturno de tonos grises en Si bemol que en conjunto con el sonido de las afónicas bocinas solo prometían un viaje extraño y frío, como mi rostro. Algunas señales de tránsito mental inclinadas en ángulos de veintitrés grados algún día me dijeron que pare, pero no les hice caso, seguí caminando y fui atropellado por un taxi de ventanas polarizadas cuyo conductor era yo mismo, ¡qué irónico! Un atropellado que pensaba que jamás iba a ser atropellado y un chofer que nunca se imaginó atropellarse. Pero todo eso tan solo fue cuestión de imaginación.



Esperaba un poco de luna, pero las luces cegadoras de neón y las sonrisas brillosas -pero hipócritas- me lo impidieron. Caminé, pues mis vacíos bolsillos de alguna manera misteriosa me obligaron, no sabía a dónde caminaba, ahí estaba el misterio. Debajo de un puente salían gases alucinógenos e infinitamente tranquilizantes, no me explico hasta ahora cómo así pude volar esa vez, si ya las alas me habían sido arrebatadas en una cruenta batalla (de la que nadie salió victorioso). El cielo se torna azul, pero aún las luces amarillas están encendidas (eso genera una rara atmósfera verde). Los lobos callejeros comienzan a aullar componiendo una terrible pieza musical que nos permite a algunos bailar con los árboles negros de avenida. Lentamente, el sol amenaza con salir, ya es hora de dormir.

jueves, 7 de octubre de 2010

Resaca textual.

Sentí el viento vestido de forma diferente. Era viento frío, que luego volvióse ebrio, pues no sabía a dónde iba. Hubo otro viento, este viajaba sobre el mar embravecido, pero las olas lo ahogaron en esa danza -al parecer armoniosa- que terminó convirtiéndose en guerra.



Por la mañana, después de aquella atmósfera azul con la que tímidas y débiles aves despiertan, mentirosos rayos de sol nacen entre las nubes y prometen otro día de frío brillante. Con dichos rayos despierto, bostezo, me froto los ojos que aún me ofrecen un borroso panorama, y finalmente, decido dormir otra vez, pues había pasado toda la noche leyendo textos alcohólicos en exceso; ahora tengo una fuerte resaca que me condena a soñar.



En mi sueño, esta vez viajo a un lejano horizonte, cuyo ocaso es mi despertar. Es extraño: nunca pude soñar estando tan despierto; nunca pude soñar que volaba estando tan en tierra; nunca pude soñar estando tan consciente. Hay un mar -no de lágrimas, pues este no existe- sino de agua salada, turbia, y oscura (casi negra, como las alas de una blanca paloma), seres desagradables se ahogan en él. Hablo de un ahogo bastante lento y doloroso; un ahogo que permite respirar pero que ahoga. Es un momento macabro, pero no me preocupa, son seres desagradables.



Mi placentero dolor de cabeza no me permite continuar soñando, así que despierto. Salgo a la calle, camino por avenidas silenciosas y desiertas y me sorprende un diluvio de agua oscura que amenaza con ahogarme, ahora tengo ganas de soñar.

lunes, 27 de septiembre de 2010

Todo sucede cuando veo tus ojos.

Observo tus ojos brillantes que reflejan mis lágrimas negras que en una densa atmósfera no caen al suelo y flotan en el aire como nubes cargadas que ansiosas esperan el momento de ser derramadas en el mar de los recuerdos, mejor aún en el país de los sueños que en sequía vive, por ahora. Un alma sedienta viaja por un prado de rosas negras, hermosas, suaves, fragantes; todas con punzocortantes espinas que un mortal veneno guardan, veneno que se convierte en droga necesaria para que un corazón (afortunado o desafortunado, no importa) pueda latir. Droga que se convierte en amor, amor que se convierte en armas, armas que dan muerte y muerte que se convierte en vida.


Tal vez el mundo se detenga ahora, tal vez el cielo deje de brillar, tal vez la luna logre alejarse para siempre, tal vez yo no vuelva a llorar; pero siempre estarás tú, mi inspiración, mi luz, aquellos versos que nublan mis ojos y a pesar de eso, siento que puedo ver. Le pido al cielo que seas y que estés presente en el aire para poder sentirte cada segundo de vida que me queda, y si me queda un segundo, que haga una pausa para que sea eterno.

domingo, 26 de septiembre de 2010

Luciérnagas azules.

Es noche de luna nueva, el cielo está oscuro en su totalidad, las nubes ocultaron la luz de las estrellas, el frío viento silba fuertemente despertando aquellos pensamientos en Ti mayor que de forma inexplicable y misteriosa me hacen recordarte. En plena penumbra, veo puntos brillantes que le cambian de nombre, son luciérnagas azules, porque azul es el mejor color, porque fue azul para mí ese mar donde hoy reposan tranquilas aquellas canciones que en algún momento sonaron e hicieron llorar corazones que no duermen y que amanecen con las frías campanadas de un reloj cuyas manecillas avanzan lentamente al compás de otra canción que sale nace en el aire; una voz casi impercibible, pero hermosa, semejante a la tuya, pero no tan perfecta. Eres como la luz de esas pequeñas luciérnagas que en la noche danzan en armonía; aquellas que me hacen olvidar la tristeza de la oscuridad y que en plena tormenta me da la paz, aquellas que en un segundo son capaces de regalar horas de alegría, aquellas que con tan solo un pequeño destello pueden dar luz para una eternidad.

viernes, 17 de septiembre de 2010

Ahora estás... ¿Otra vez?

Esa sonrisa tuya y esos ojos que brillan en la oscuridad son lo suficiente para que mi mente quede atrapada en una caja de cristal que solo refleja tu rostro. Eres la luz de la luna que hace bella la noche, eres el viento que mueve al desierto y así le da vida, tu mirada es aquella flecha que desde que quedó clavada en un corazón sin latidos hizo que este latiera nuevamente y que se alegre, mi corazón.

Miro al cielo y ahí estás, tu luz eclipsa a las demás estrellas, las opaca; tu luz es tan bella que haces que hasta el Sol se enamore de ti. Rojos son tus latidos como tu corazón que no muere, sino que da vida, cuán muerto estuve antes de que estuvieras en el cielo. Llora mi alma cuando no estás, pero hoy estás y no te perderé de vista.