Y siento tu ausencia presente,
cual verdugo que tortura,
cual ceniza en la herida ardiente,
cual insomnio que madruga.
Como oscuros falsos destellos:
aquellas mentiras de aquellos.
(Y me pregunto:
¿Cuántas lunas, hasta encontrarnos, han de pasar?
¿Cuántas noches mis ojos han de derramar?
¿Cuántas lágrimas mi almohada ha de secar?)
Miedos entre líneas,
entre penumbras nacientes;
es tu ausencia la mía
de latidos inertes...
(que laten sin rumbo,
que invocan conjuros
de magia que envuelve
cual lluvia paciente).
Mirar hacia el negro cielo,
con hadas y estrellas albinas
que danzan extintas de credos
y vuelan en euforia infinita.
¿Y dónde estás, mi amada hechicera?
¿Qué le has hecho a mi alma despierta?
¿Dónde estás belleza furtiva?
Devuélveme el alma cansina.
(Y los seres del bosque responden:
se ha marchado la dulce hechicera,
pero nunca sabremos a dónde,
volverá en una luna llena
y la verás danzando en el cielo,
en el sol; a lo lejos, por el horizonte.)
Desde entonces, estoy esperando
en el horizonte, en el cielo, en el llano;
la hechicera que mi alma llevó
al infinito, al olvido,
al cielo, al recuerdo,
a lo eterno, al destino,
que a algún sitio mi alma llevó.

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