Observo tus ojos brillantes que reflejan mis lágrimas negras que en una densa atmósfera no caen al suelo y flotan en el aire como nubes cargadas que ansiosas esperan el momento de ser derramadas en el mar de los recuerdos, mejor aún en el país de los sueños que en sequía vive, por ahora. Un alma sedienta viaja por un prado de rosas negras, hermosas, suaves, fragantes; todas con punzocortantes espinas que un mortal veneno guardan, veneno que se convierte en droga necesaria para que un corazón (afortunado o desafortunado, no importa) pueda latir. Droga que se convierte en amor, amor que se convierte en armas, armas que dan muerte y muerte que se convierte en vida.
Tal vez el mundo se detenga ahora, tal vez el cielo deje de brillar, tal vez la luna logre alejarse para siempre, tal vez yo no vuelva a llorar; pero siempre estarás tú, mi inspiración, mi luz, aquellos versos que nublan mis ojos y a pesar de eso, siento que puedo ver. Le pido al cielo que seas y que estés presente en el aire para poder sentirte cada segundo de vida que me queda, y si me queda un segundo, que haga una pausa para que sea eterno.
lunes, 27 de septiembre de 2010
domingo, 26 de septiembre de 2010
Luciérnagas azules.
Es noche de luna nueva, el cielo está oscuro en su totalidad, las nubes ocultaron la luz de las estrellas, el frío viento silba fuertemente despertando aquellos pensamientos en Ti mayor que de forma inexplicable y misteriosa me hacen recordarte. En plena penumbra, veo puntos brillantes que le cambian de nombre, son luciérnagas azules, porque azul es el mejor color, porque fue azul para mí ese mar donde hoy reposan tranquilas aquellas canciones que en algún momento sonaron e hicieron llorar corazones que no duermen y que amanecen con las frías campanadas de un reloj cuyas manecillas avanzan lentamente al compás de otra canción que sale nace en el aire; una voz casi impercibible, pero hermosa, semejante a la tuya, pero no tan perfecta. Eres como la luz de esas pequeñas luciérnagas que en la noche danzan en armonía; aquellas que me hacen olvidar la tristeza de la oscuridad y que en plena tormenta me da la paz, aquellas que en un segundo son capaces de regalar horas de alegría, aquellas que con tan solo un pequeño destello pueden dar luz para una eternidad.
viernes, 17 de septiembre de 2010
Ahora estás... ¿Otra vez?
Esa sonrisa tuya y esos ojos que brillan en la oscuridad son lo suficiente para que mi mente quede atrapada en una caja de cristal que solo refleja tu rostro. Eres la luz de la luna que hace bella la noche, eres el viento que mueve al desierto y así le da vida, tu mirada es aquella flecha que desde que quedó clavada en un corazón sin latidos hizo que este latiera nuevamente y que se alegre, mi corazón.
Miro al cielo y ahí estás, tu luz eclipsa a las demás estrellas, las opaca; tu luz es tan bella que haces que hasta el Sol se enamore de ti. Rojos son tus latidos como tu corazón que no muere, sino que da vida, cuán muerto estuve antes de que estuvieras en el cielo. Llora mi alma cuando no estás, pero hoy estás y no te perderé de vista.
Miro al cielo y ahí estás, tu luz eclipsa a las demás estrellas, las opaca; tu luz es tan bella que haces que hasta el Sol se enamore de ti. Rojos son tus latidos como tu corazón que no muere, sino que da vida, cuán muerto estuve antes de que estuvieras en el cielo. Llora mi alma cuando no estás, pero hoy estás y no te perderé de vista.
jueves, 12 de agosto de 2010
Tiempo/Conflicto
Con tiempo, el mar se convirtió en mar; con tiempo, el viento traspasó los límites de este cielo y al infinito viajó; con tiempo, saldré de un trance, el cual me sumerge en un insoportable insomnio, a pesar de estar dormido; con tiempo las montañas conocieron el eco y se hicieron fuertes; con tiempo, el reloj marcó los segundos para que de noche la Luna brille y de día el Sol evapore las lágrimas de muchos mortales que quedamos en la tierra.
¿Qué sería del tiempo si no existieras? ¿Moriría yo o dejarían de exisitir los segundos con los que mi corazón contaba su latir? Pasaría miles de horas sin darme cuenta de que estás lejos, viviría sin un ritmo; sí, viviría pero sin un sentido (ni siquiera el de las agujas del reloj). Con un lapicero escribí tu nombre en la pared donde está colgado ese reloj para que no se olvide de que existes, para recordarme que debo despertar cada mañana, para recordarme que debo respirar, para que no me falte el aire, para que no me faltes.
Decidí mirar al cielo hoy y vi nubes como algodones que viajaban libres por el cielo, de inmediato te recordé, así viajas por mi mente. El cielo estaba violeta, el azul no existía, el sol se despedía lentamente de quienes lo mirábamos desaparecer en el infinito horizonte. No importa por dónde vaya uno, siempre habrá uno, y siempre habrá algo que se espera al final, algo inalcanzable pero que nos da esa esperanza de saber que por algo caminamos.
Ocurece y las palabras que pronuncio no son suficientes para que lleguen al cielo, tomé un lápiz y les dibujé alas. Como águilas se elevaron hasta el infinito, pero empezó a llover y volvieron. Quiero despertar, pero qué pasará si lo hago, qué pasaría si no pudiera volver a soñar esto otra vez...
Miro hacia arriba una vez más y sorprendentemente apareces tú, me sonríes, te observo y me quedo inmóvil otra vez, no puedo hablar. Mi mente reacciona y me obliga a marcharme de aquel lugar, mis pies le hacen caso, pero hay algo que aún quiere quedarse, etonces es cuando todo entra en conflicto con mi corazón, lo tratamos de atar , pero este amenaza con detenerse y es cuando nos damos cuenta de que dependemos de él. Resignados quedamos y le hacemos compañía hasta que el Sol salga nuevamente.
¿Qué sería del tiempo si no existieras? ¿Moriría yo o dejarían de exisitir los segundos con los que mi corazón contaba su latir? Pasaría miles de horas sin darme cuenta de que estás lejos, viviría sin un ritmo; sí, viviría pero sin un sentido (ni siquiera el de las agujas del reloj). Con un lapicero escribí tu nombre en la pared donde está colgado ese reloj para que no se olvide de que existes, para recordarme que debo despertar cada mañana, para recordarme que debo respirar, para que no me falte el aire, para que no me faltes.
Decidí mirar al cielo hoy y vi nubes como algodones que viajaban libres por el cielo, de inmediato te recordé, así viajas por mi mente. El cielo estaba violeta, el azul no existía, el sol se despedía lentamente de quienes lo mirábamos desaparecer en el infinito horizonte. No importa por dónde vaya uno, siempre habrá uno, y siempre habrá algo que se espera al final, algo inalcanzable pero que nos da esa esperanza de saber que por algo caminamos.
Ocurece y las palabras que pronuncio no son suficientes para que lleguen al cielo, tomé un lápiz y les dibujé alas. Como águilas se elevaron hasta el infinito, pero empezó a llover y volvieron. Quiero despertar, pero qué pasará si lo hago, qué pasaría si no pudiera volver a soñar esto otra vez...
Miro hacia arriba una vez más y sorprendentemente apareces tú, me sonríes, te observo y me quedo inmóvil otra vez, no puedo hablar. Mi mente reacciona y me obliga a marcharme de aquel lugar, mis pies le hacen caso, pero hay algo que aún quiere quedarse, etonces es cuando todo entra en conflicto con mi corazón, lo tratamos de atar , pero este amenaza con detenerse y es cuando nos damos cuenta de que dependemos de él. Resignados quedamos y le hacemos compañía hasta que el Sol salga nuevamente.
sábado, 7 de agosto de 2010
Estoy sentado, y no me quiero levantar
Si me pongo de pie, me quedaré ciego y no podré observarte, Luna que reflejas la luz del sol, que por las noches iluminas la Tierra y me das tranquilidad después de la tormenta. Lloraré hasta crear mi propio mar, de modo tal que en cada noche tú seas reflejada en él, lágrima por lágrima, mi bella amada, y cuando sangre se requiera, sangre daré también.
Lucho contra mis sentimientos, pero quién puede contra ellos, no existe flecha alguna que penetre un sentir; no existe espada ni daga que arrebate lo que un corazón siente, y lo que ocurre, bella luz, es que cuando algo tan profundo y tan perfecto como tú habita en un corazón, nada puede contra él.
La tarde anterior hablé con el viento, le pedí que te lleve estas palabras: “Aunque muera, estando aquí, te volveré a ver porque podré elevarme y llegaré a tu lado”. Tales palabras se esparcieron por el universo y se perdieron, nunca llegaron; ahora las escribo yo en un papel para que se eleven conmigo el día de mi muerte.
Es de noche; el frío hiela cada rincón de este planeta (mi planeta, mi mundo), dejando inmóviles a mis pensamientos; el cielo está nublado, no te puedo ver, pero te siento en mi corazón; el viento silba produciendo un estridente sonido que estremece hasta las montañas, aquellas a las que solía subir para verte más de cerca.
No quiero ponerme de pie, no lo haré… ¿A quién miento? Si ya las nubes te ocultaron, si ya tu voz no oigo, si ya el cielo me da la espalda para no verte más o no verte durante mucho tiempo… Sin más que decirte, me despido de ti, nuevamente con una lágrima, con un adiós que quise que dure para siempre, pues no quería y no quiero dejarte de ver.
Lucho contra mis sentimientos, pero quién puede contra ellos, no existe flecha alguna que penetre un sentir; no existe espada ni daga que arrebate lo que un corazón siente, y lo que ocurre, bella luz, es que cuando algo tan profundo y tan perfecto como tú habita en un corazón, nada puede contra él.
La tarde anterior hablé con el viento, le pedí que te lleve estas palabras: “Aunque muera, estando aquí, te volveré a ver porque podré elevarme y llegaré a tu lado”. Tales palabras se esparcieron por el universo y se perdieron, nunca llegaron; ahora las escribo yo en un papel para que se eleven conmigo el día de mi muerte.
Es de noche; el frío hiela cada rincón de este planeta (mi planeta, mi mundo), dejando inmóviles a mis pensamientos; el cielo está nublado, no te puedo ver, pero te siento en mi corazón; el viento silba produciendo un estridente sonido que estremece hasta las montañas, aquellas a las que solía subir para verte más de cerca.
No quiero ponerme de pie, no lo haré… ¿A quién miento? Si ya las nubes te ocultaron, si ya tu voz no oigo, si ya el cielo me da la espalda para no verte más o no verte durante mucho tiempo… Sin más que decirte, me despido de ti, nuevamente con una lágrima, con un adiós que quise que dure para siempre, pues no quería y no quiero dejarte de ver.
lunes, 2 de agosto de 2010
En mis sueños
En el país de mis sueños te encontré mientras dormía, estabas bella -como siempre- las estrellas te rodeaban como dulces y puros ángeles semejantes a ti y alumbraban tu rostro creando una perfecta imagen que opacaba a todo lo bello que ya existía hasta ese entonces (todo lo que soñaba era bello, por eso estabas presente ahí, y lo sigues estando).
La sombra de un viejo árbol se proyecta con la luz anaranjada de un bello atardecer, cuyo cielo disfruta de tu prescencia porque estás volando nuevamente, tu cabello al compás del viento apacible se mueve y deja ese aroma (tu aroma) que me hipnotiza otra vez, provocándome un profundo delirio que es escrito en la corteza de aquel árbol viejo.
Estás en el aire, te siento en cada respiro; tu voz es como el canto de las aves en la mañana; tus ojos son estrellas que se reflejan en el mar, porque así brillan más. Tus manos bellas y suaves como tu hermoso rostro que me ilumina cada noche. Puedo oír tu corazón y gracias a él, el mío puede latir también. La noche muy oscura se encuentra, el cielo es un manto negro de tristeza; de pronto apareces tú y haces posible la belleza de la noche.
Te busco en mis sueños, porque es donde más te encuentro... Te amo en la realidad porque realmente te amo.
La sombra de un viejo árbol se proyecta con la luz anaranjada de un bello atardecer, cuyo cielo disfruta de tu prescencia porque estás volando nuevamente, tu cabello al compás del viento apacible se mueve y deja ese aroma (tu aroma) que me hipnotiza otra vez, provocándome un profundo delirio que es escrito en la corteza de aquel árbol viejo.
Estás en el aire, te siento en cada respiro; tu voz es como el canto de las aves en la mañana; tus ojos son estrellas que se reflejan en el mar, porque así brillan más. Tus manos bellas y suaves como tu hermoso rostro que me ilumina cada noche. Puedo oír tu corazón y gracias a él, el mío puede latir también. La noche muy oscura se encuentra, el cielo es un manto negro de tristeza; de pronto apareces tú y haces posible la belleza de la noche.
Te busco en mis sueños, porque es donde más te encuentro... Te amo en la realidad porque realmente te amo.
domingo, 1 de agosto de 2010
Al casi morir...
Tu voz oigo al encontrarme en medio del olvido, despierto, te sigo escuchando y me alegro porque no es un sueño. Tu voz es real y me tranquiliza; mágicamente, mis heridas cicatrizan una por una, el dolor disminuye hasta casi desaparecer, tu melodía sigue sonando, otra atmósfera se ve y se respira. Repentinamente, veo una luz en medio de mi oscuridad, eres tú, bella Luna, al fin eres tú...
Eres eso que necesitaba para dejar de llorar y levantarme de una vez, eres aquello que me alivia, que me anima a seguir adelante, gracias. Tu sola presencia ilumina todo este lugar, los recuerdos que flotaban en el viento -aquellos que no quiero recordar- son destruidos por tu hermosa luz. La muerte huye nuevamente al sentirte cerca, el mar de lágrimas en el que yo nadaba ha sido secado.
Me pregunto si estás, o siempre estuviste; yo creo que siempre estuviste, de otro modo habría muerto, habría sido aplastado por la misma muerte en ocasiones anteriores. Gracias por haberte robado mi corazón y no permitir que le hagan daño, gracias por tenerlo tú, gracias por cuidarlo de que no deje de latir. El papel en la botella que hace mucho tiempo lancé al mar finalmente regresa con tu nombre escrito.
Eres eso que necesitaba para dejar de llorar y levantarme de una vez, eres aquello que me alivia, que me anima a seguir adelante, gracias. Tu sola presencia ilumina todo este lugar, los recuerdos que flotaban en el viento -aquellos que no quiero recordar- son destruidos por tu hermosa luz. La muerte huye nuevamente al sentirte cerca, el mar de lágrimas en el que yo nadaba ha sido secado.
Me pregunto si estás, o siempre estuviste; yo creo que siempre estuviste, de otro modo habría muerto, habría sido aplastado por la misma muerte en ocasiones anteriores. Gracias por haberte robado mi corazón y no permitir que le hagan daño, gracias por tenerlo tú, gracias por cuidarlo de que no deje de latir. El papel en la botella que hace mucho tiempo lancé al mar finalmente regresa con tu nombre escrito.
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