jueves, 12 de agosto de 2010

Tiempo/Conflicto

Con tiempo, el mar se convirtió en mar; con tiempo, el viento traspasó los límites de este cielo y al infinito viajó; con tiempo, saldré de un trance, el cual me sumerge en un insoportable insomnio, a pesar de estar dormido; con tiempo las montañas conocieron el eco y se hicieron fuertes; con tiempo, el reloj marcó los segundos para que de noche la Luna brille y de día el Sol evapore las lágrimas de muchos mortales que quedamos en la tierra.


¿Qué sería del tiempo si no existieras? ¿Moriría yo o dejarían de exisitir los segundos con los que mi corazón contaba su latir? Pasaría miles de horas sin darme cuenta de que estás lejos, viviría sin un ritmo; sí, viviría pero sin un sentido (ni siquiera el de las agujas del reloj). Con un lapicero escribí tu nombre en la pared donde está colgado ese reloj para que no se olvide de que existes, para recordarme que debo despertar cada mañana, para recordarme que debo respirar, para que no me falte el aire, para que no me faltes.


Decidí mirar al cielo hoy y vi nubes como algodones que viajaban libres por el cielo, de inmediato te recordé, así viajas por mi mente. El cielo estaba violeta, el azul no existía, el sol se despedía lentamente de quienes lo mirábamos desaparecer en el infinito horizonte. No importa por dónde vaya uno, siempre habrá uno, y siempre habrá algo que se espera al final, algo inalcanzable pero que nos da esa esperanza de saber que por algo caminamos.


Ocurece y las palabras que pronuncio no son suficientes para que lleguen al cielo, tomé un lápiz y les dibujé alas. Como águilas se elevaron hasta el infinito, pero empezó a llover y volvieron. Quiero despertar, pero qué pasará si lo hago, qué pasaría si no pudiera volver a soñar esto otra vez...


Miro hacia arriba una vez más y sorprendentemente apareces tú, me sonríes, te observo y me quedo inmóvil otra vez, no puedo hablar. Mi mente reacciona y me obliga a marcharme de aquel lugar, mis pies le hacen caso, pero hay algo que aún quiere quedarse, etonces es cuando todo entra en conflicto con mi corazón, lo tratamos de atar , pero este amenaza con detenerse y es cuando nos damos cuenta de que dependemos de él. Resignados quedamos y le hacemos compañía hasta que el Sol salga nuevamente.

sábado, 7 de agosto de 2010

Estoy sentado, y no me quiero levantar

Si me pongo de pie, me quedaré ciego y no podré observarte, Luna que reflejas la luz del sol, que por las noches iluminas la Tierra y me das tranquilidad después de la tormenta. Lloraré hasta crear mi propio mar, de modo tal que en cada noche tú seas reflejada en él, lágrima por lágrima, mi bella amada, y cuando sangre se requiera, sangre daré también.

Lucho contra mis sentimientos, pero quién puede contra ellos, no existe flecha alguna que penetre un sentir; no existe espada ni daga que arrebate lo que un corazón siente, y lo que ocurre, bella luz, es que cuando algo tan profundo y tan perfecto como tú habita en un corazón, nada puede contra él.

La tarde anterior hablé con el viento, le pedí que te lleve estas palabras: “Aunque muera, estando aquí, te volveré a ver porque podré elevarme y llegaré a tu lado”. Tales palabras se esparcieron por el universo y se perdieron, nunca llegaron; ahora las escribo yo en un papel para que se eleven conmigo el día de mi muerte.

Es de noche; el frío hiela cada rincón de este planeta (mi planeta, mi mundo), dejando inmóviles a mis pensamientos; el cielo está nublado, no te puedo ver, pero te siento en mi corazón; el viento silba produciendo un estridente sonido que estremece hasta las montañas, aquellas a las que solía subir para verte más de cerca.

No quiero ponerme de pie, no lo haré… ¿A quién miento? Si ya las nubes te ocultaron, si ya tu voz no oigo, si ya el cielo me da la espalda para no verte más o no verte durante mucho tiempo… Sin más que decirte, me despido de ti, nuevamente con una lágrima, con un adiós que quise que dure para siempre, pues no quería y no quiero dejarte de ver.

lunes, 2 de agosto de 2010

En mis sueños

En el país de mis sueños te encontré mientras dormía, estabas bella -como siempre- las estrellas te rodeaban como dulces y puros ángeles semejantes a ti y alumbraban tu rostro creando una perfecta imagen que opacaba a todo lo bello que ya existía hasta ese entonces (todo lo que soñaba era bello, por eso estabas presente ahí, y lo sigues estando).

La sombra de un viejo árbol se proyecta con la luz anaranjada de un bello atardecer, cuyo cielo disfruta de tu prescencia porque estás volando nuevamente, tu cabello al compás del viento apacible se mueve y deja ese aroma (tu aroma) que me hipnotiza otra vez, provocándome un profundo delirio que es escrito en la corteza de aquel árbol viejo.

Estás en el aire, te siento en cada respiro; tu voz es como el canto de las aves en la mañana; tus ojos son estrellas que se reflejan en el mar, porque así brillan más. Tus manos bellas y suaves como tu hermoso rostro que me ilumina cada noche. Puedo oír tu corazón y gracias a él, el mío puede latir también. La noche muy oscura se encuentra, el cielo es un manto negro de tristeza; de pronto apareces tú y haces posible la belleza de la noche.

Te busco en mis sueños, porque es donde más te encuentro... Te amo en la realidad porque realmente te amo.

domingo, 1 de agosto de 2010

Al casi morir...

Tu voz oigo al encontrarme en medio del olvido, despierto, te sigo escuchando y me alegro porque no es un sueño. Tu voz es real y me tranquiliza; mágicamente, mis heridas cicatrizan una por una, el dolor disminuye hasta casi desaparecer, tu melodía sigue sonando, otra atmósfera se ve y se respira. Repentinamente, veo una luz en medio de mi oscuridad, eres tú, bella Luna, al fin eres tú...

Eres eso que necesitaba para dejar de llorar y levantarme de una vez, eres aquello que me alivia, que me anima a seguir adelante, gracias. Tu sola presencia ilumina todo este lugar, los recuerdos que flotaban en el viento -aquellos que no quiero recordar- son destruidos por tu hermosa luz. La muerte huye nuevamente al sentirte cerca, el mar de lágrimas en el que yo nadaba ha sido secado.

Me pregunto si estás, o siempre estuviste; yo creo que siempre estuviste, de otro modo habría muerto, habría sido aplastado por la misma muerte en ocasiones anteriores. Gracias por haberte robado mi corazón y no permitir que le hagan daño, gracias por tenerlo tú, gracias por cuidarlo de que no deje de latir. El papel en la botella que hace mucho tiempo lancé al mar finalmente regresa con tu nombre escrito.

martes, 27 de julio de 2010

Cuando pienso en ti

Pienso en ti cuando despierto,
cuando respiro, cuando en el oxígeno te siento,
cuando lloro, cuando me río,
cuando escribo, cuando miro al cielo y veo tu brillo.

Pienso en ti cuando te espero,
cuando no te veo, cuando con una canción te recuerdo,
cuando en el mar veo tu retrato,
cuando pienso que si no te tendré cerca, me mato.

Pienso en ti cuando te escribo,
cuando te oigo, cuando una sonrisa tuya recibo,
cuando sueño, cuando vuelo,
cuando con una lágrima me despido de ti y muero.

Pienso en ti cuando camino, cuando caigo,
cuando me levanto, cuando me doy cuenta de que nada valgo,
cuando pienso en amarte, cuando sueño con hablarte,
cuando con las nubes hablo de ti y empiezo a enamorarme.

Pienso en ti cuando no estás y cuando estás,
cuando el futuro se torna incierto y me pregunto dónde estarás,
cuando te llamo y no oyes, cuando te extraño
cuando te amo... cuando te amo.

miércoles, 21 de julio de 2010

Luna amada, quiero amarte

Quiero, bella Luna, que estés presente en el momento de mi último respiro, que sientas mi alma como un viento frío que te acaricia el rostro por última vez. Quiero también que tus latidos me dejes oír por última vez, para escuchar la canción más hermosa; para no olvidar –incluso después de la muerte- la voz de tu limpio y puro corazón, golpes que no producen dolor, percusión perfecta, belleza sonora, tu voz.

No te veré nunca más, Luna mía, no aquí en el país de los vivos, donde aun siendo inmortal, podrías morir de amor. Me iré de este mundo, y viviré en el mundo de los sueños, porque ahí te conocí por primera vez, me asombró tu belleza en ese lugar, y me asesinó tu hermosura aquí. Seré entonces como un sueño que vaga buscando una mente, la única que logró brillar, la única por la que mi pensamiento murió, tu mente, tu corazón… pero el corazón no puede soñar.

Si soñaran los corazones, si soñara el mío, tú no serías real. Agradezco a Dios por permitirme soñar con la mente, porque tú eres real, porque te encontraré páginas más adelante, por ese futuro incierto que ni tú ni yo conocemos, bella Luna. Escribiré en la arena lisa de la mañana, una última poesía/súplica para que te quedes en el cielo, para que no haya noche en que no brilles, amada Luna. Viví hasta mañana, morí desde antes, y soñaré para siempre. Nos veremos pronto, lo prometo.

sábado, 17 de julio de 2010

Velo... Luto

Cae la noche y el bosque se tiñe de negro; más adentro, un claro, árboles que se mecen con el soplar del viento y animales nocturnos que se dejan oír: todo combina y compone una fúnebre melodía. En medio, alguien experimentando la agonía por segunda vez, los cuervos, desde lo alto de los árboles que lo rodean, esperan el final para comerse sus ojos, aquellos que alguna vez la miraron pero no pudieron hablarle.

Una manada de lobos rodean al casi cadáver y lloran la inminente muerte de su hermano, aquella que lo separará de este sucio mundo. La luna -de la cual él estaba imposiblemente enamorado- no salió esa noche, ni siquiera se asomó por las tristes nubes, cuyo llanto como un eco se oía y aunciaba mi partida.

Mi respirar toma un ritmo más pausado, casi ni se percibe, al igual que mis latidos; el dolor no lo siento, pero me sigo quejando, mis párpados se quieren cerrar, pero hay una voz en mí que dice que aún falta algo, que espere, que resista un poco más este martirio. De pronto, una brillante luz desciende del cielo, brilla tanto que esa oscura atmósfera que predominaba, desapareció.

Eres tú, Luna, mis latidos recuperan su ritmo al igual que mi respirar, lentamente me doy cuenta de que puedo volver a moverme ¿Puedo vivir otra vez?¿Puedo amarte?, habías llegado a despedirte, pero yo te recibí para saludarte.