sábado, 1 de octubre de 2011

Sublevación adyacente (Contra la realidad y sus parámetros irreales)

Que ya me esfumo

entre cadáveres de humo,

de imágenes mentales

y fuegos artificiales.


Que nada es cierto,

que la verdad la prometen;

verdad manipulada

al antojo de sus intereses.


Es momento del silencio,

del castigo de los necios

la noche está oscura

y mi cuarto está hecho una ruina.


Que pienso;

sin embargo, nunca existo

fui expulsado con rezos

y castigos nunca vistos.


Es momento de la luna,

testigo de la noche;

testigo del amor:

el colmo de esos profesores.


Que grito al cielo,

pero que el hombre no me escucha;

estoy siendo sincero

y que me maten si miento.


A todo esto,

sus palabras fueron espectros;

mutilaciones de fantasmas

y estupideces en directo.


Directo,

facilidad de entendimiento,

porque, si no se me comprende,

mejor darles el panorama a los tuertos.


Ángulos rectos,

de pie, atención:

tengan un poco de intelecto,

y, a sus creencias, conviértanlas en acción.


Sería un buen comienzo

callar a lo que no es verdadero,

dejar la procacidad

y hacer las cosas con sinceridad.


Corazones parlantes;

los obligaron a callar,

atados por pensamientos ignorantes

de este sistema al que le llaman realidad.


martes, 2 de agosto de 2011

Indestructible

Los escalones mágicos parecían danzar con el suave silbo del viento fuerte, las paredes esbozaban inocentes sonrisas mientras oían la melodía que -mágicamente- hizo al viento detenerse, los escalones seguían danzando y eran los mayores testigos de ese acontecimiento que no sé describir, pero que no fue menos mágico.


La melodía cesó, pero seguía escuchándose; ni el viento se la podía llevar, ni los rayos de ese sol escaso de invierno la podían consumir, ni todas las melodías podían llevársela. La melodía estuvo en uno y, luego, en ambos; sí, estaba en ambos y en ambos se dejaba oír. Los latidos del uno hacían sus manos temblar; estas parecían congelarse en un silencio hermoso que solo podía ser producido en estas circunstancias. Los ojos le brillaban, miraban y sonreían; él continuaba temblando al compás de sus galopantes latidos que habían superado velocidades físicas.


Las palabras se hacían presentes en pensamientos y, los pensamientos, en miradas y, las miradas, en significantes destellos color sol que estallaban como rayos en cuatro ventanas metafísicas que continuamente se miraban de soslayo o directos.


Él la amará el tiempo de vida de aquella canción: PARA SIEMPRE. Porque las canciones son eternas y mis latidos también.

viernes, 1 de julio de 2011

EPISODIO ONÍRICO

Las paredes se entristecían con la llegada de la atmósfera nocturna, las blancas cortinas se perdían intrépidamente con el viento y sus corrientes... yo observaba, esperaba... con asias, porque ya sabía lo que pasaría.

Esa vez, no dormí, tan solo para saborear con mi vista el tan bipolar color del ámbar celeste de aquella madrugada que -apenas- me permitía divisar algunos objetos flotantes en las turbias memorias de una mente olvidada (no importa si era la mía o de los tantos fantasmas que en mi alcoba moraban); no obstante, yo estaba en mi habitación. Mis inmóviles sábanas parecían ser el nexo entre el estrepitoso sueño que no me dejaba soñar y del tan silencioso vacío que no me dejaba vivir.

Los debilitados rayos de luz de la ciudad estaban así por culpa de una densa niebla que adoptó forma de ola, forma de mar. Corrí, no quería ahogarme, corrí lo más rápido que pude hasta llegar a la orilla de la cual no recuerdo si su cuerpo era tan duro como los salados peñascos del mar; o tan suave, como la delicada arena fina que -a fin de cuentas- era un peñasco destrozado, un cadáver pulverizado por el tiempo y muerto por la incertidumbre. El mar está en tus ojos y yo estaba en el mar, escapando de las vertiginosas caídas que solo los fuertes oleajes armados con aguzados cuchillos me podían ofrecer, en los sueños más hermosos, donde las caídas son el despertar y donde es venenoso el olvido. Porque, si de soñar me detengo, ya no existo... ya no vuelvo.

Mis pies desnudos tocaron el suelo frío, lo hice con diligencia para que no despierten los insomnios que dejé durmiendo debajo de mi cama. Abandono la habitación y encuentro otra; esta tiene una gran ventana de cristal grueso para que no entren esas sombras mías que dejé pintadas en un muro donde nunca me lamentaré el haberme lamentado ahí. Una puerta de marco de oro raudamente se abre y el poderoso viento ingresa hasta penetrar en mis huesos... las sombras solo conocen ventanas.

Te veo. Brillas incandesentemente por lo alto del cielo y en lo profundo del mar. Tu estentóreo silencio hace sordo al silbido que sopla de forma incesante sobre las olas que un día me ahogaron. Al fin vuelves a hablar y tu voz suavemente se desliza por el retumbar del los latidos que dejé en un cristal... vuelvo a soñar, vuelvo a vivir. Nuevamente es hora de dormir, mañana -o en mil años, incluso- abrirás nuevamente el frasco y mis latidos se combinarán nuevamente con tu voz silenciosa y dulce, para ver el cielo que se refleja en el mar, que está en tus ojos, donde sueño, donde vivo...

jueves, 30 de junio de 2011

Las estaciones que Vivaldi nunca compuso

Me da igual si las flores florecen en un día agradable; si el sol brilla y quema hasta evaporar la sangre de mis latidos (a lo más profundo del cielo, que también es mar); si las hojas caen al no poder resistirse ante el feroz y cruento viento otoñal, y mucho menos si la lluvia inunda cada rincón del planeta en un invierno universal.

Nada de eso importa, nada de eso, porque no importa el momento, e incluso me es posible prescindir del tiempo durante algunos segundos o durante alguna eternidad infinita o finita (depende de mí, depende de ti). Porque sí me importa que, en cada momento, tú seas el pétalo, la flor fragante y suave que haga agradable mi día; que seas tú (nadie más, solo tú) el rayo de sol en verano que incinere y evapore mi interior; que seas tú el viento y las hojas que bellas melodías componen al pasearse por el vacío de mi mirada, y que seas tú cada gota de lluvia que sacia mi sed después del otoño seco y erial.

Siendo tú el todo, no importará -ni siquiera- si el tiempo existe o no existe... porque tú existencia sí existirá (y no es necesario ni tiempo ni espacio para ello)

Te amo metafísicamente, te amo no solo con el corazón, sino también, con mi sangre y con mis venas. Aun así mis párpados se cerraran, te seguiría viendo; porque eres mis ojos. Aun así mis oídos se taparan, te seguiría oyendo; porque tú eres mis oídos. AUN ASÍ mi corazón se detuviese, seguiría latiendo; porque tú eres mi corazón, tú eres cada latido; cada gota de sangre en mí eres tú, porque me mantienes vivo y solo tu ausencia puede matarme.

martes, 31 de mayo de 2011

Se busca un sueño

La aurora gélida y multicolor de tu respirar invernal danzaba en mi habitación (de blanco y negro) y me ocultaba los hermosos destellos de tus cabellos durmientes que reposaban sobre la luna lejana; sin embargo, esa noche te sentí más cerca que cualquier otra. Abrí una ventana y miré por un momento al velo nocturno del cielo agridulce y pálido, velo fúnebre de sueños olvidados que yo anhelo soñar otra vez. Tus últimas huellas quedaron impresas en la orilla del mar de mis pensamientos, en la arena de mi memoria fría y solitaria, en el atardecer nocturno en que la luna pudo sonreír. Volaste intentando no sumergirte en ese mar, desafiando a mi olvido obstinado; volando y sumergiéndote -sin querer- en lo profundo del misterio del cielo oscuro, en un rincón del paisaje pintado en el viejo lienzo al que llaman vida algunos... lo hiciste otra vez.

Ojeras solitarias hablan, gritan y buscan -en desconcierto aún- el te amo que se perdió entre sueños, el mismo que fue devorado despiadadamente por las fauces de mi desdichada demencia de otoño caótico y moribundo, ese que se extravió contigo. Te busqué en Leo y en Escorpio, pero ahí no estabas. Viajé a Oz y no te encontré... No estás ni en Pensamiento, ni en Olvido ¿Dónde estás? ¿O será que me extravié tratando de buscarte? ¿Y dónde estoy entonces, si no sé dónde estás?

Qué ingrato es MORIR viviéndote (pienso).

Qué grato es VIVIR queriéndote (digo, vivo soy). Viviré...

viernes, 27 de mayo de 2011

Déjame

Déjame volar a tu lado, sentir el mismo viento que sientes en lo alto del cielo.

Déjame ser tu invierno y tu verano, tus lágrimas y tus risas.

Déjame decirte lo que mi corazón quiere gritar, déjame desgarrar mi garganta gritando tu nombre perfecto.

Déjame cantarte una vez más esa canción que jamás escuchaste.

Déjame ser verso para formar parte de tu poesía.

Déjame ser lo oscuro en tu luz. Ser el ruido que complemente tu silencio infinito.

Déjame convertirme en ese espectro invisble para que puedas verme.

Déjame ser la amnesia que necesita tu mente.

Déjame ser fuego y agua. Déjame encender las apagadas antorchas de tus caminos oscuros y déjame apagar tus encendidos incendios que tus lágrimas no logran apagar.

Déjame ser el eco de tus latidos, ser el viento que los lleve consigo hasta el infinito de tu corazón, para darle razones al mío.

domingo, 15 de mayo de 2011

L a v i d a n o e s s u e ñ o

Si la vida fuera sueño, no vivirías, porque sueño eres.

Si la vida fuera sueño, soñaría con más ganas, si tú fueras vida.

Si me permitiese el sueño, viviría un momento para saber cómo es soñarte

Si no vivo y si no sueño, estás.

Si vivo y sueño, eres.

Si la vida sueño fuese, vida tras vida soñaría con que fueras,

porque si no te sueño, no vivo; y, si nunca viví, jamás te soñaré.

Si no te sueño, muero: no hay vida.

Si te sueño, vivo: ¿cuando moriré, si viviré soñando?

Si soñando viviera, viviendo muriera.


Si tú eres sueño, no eres vida. Si eres sueño y vida, no te sueño.


La vida no es sueño, porque no te vivo... y ya no te sueño.

¿Cuándo te soñé? ¿Cuándo te viví?

¿Cuándo viví?... ¿C u á n d o s o ñ é?